"El problema comenzó en febrero cuando terminaron de hacer los trabajos, ahí nos dimos cuenta que los empleados dejaron una especie de tierra colorada, que nos llamó la atención de gran manera", expresó.
Con el pasar de los días -siguió-, "observamos que cuando había viento, se esparcía por todos lados de la calle e iba a las casas. Desde allí, estamos conviviendo forzadamente con el polvillo".
Al respecto, expresó que esa situación impacta en la vida cotidiana del vecindario: "Estamos encerrados en nuestras casas para que no ingrese la tierra debido a que ensucia demasiado, de tal forma que tenemos que limpiar varias veces al día la casa".
No obstante, remarcó que "hasta ahora, el polvillo no causó ninguna reacción alérgica en los vecinos, igualmente, estamos atentos, esperemos que no cause problemas en la salud".
"Cuando hay demasiado viento, la tierra se nos mete dentro de los ojos, obviamente que te impide ver, te quedas como enceguecido por algunos segundos", comentó Lucio.
Asimismo, Lucio describió que, en los días de lluvia, la calle 173, entre Formosa y Los Andes, "se transforma en un barrial, haciendo que el acceso se torne intransitable".
"Es un verdadero pantano, el barro te supera los tobillos, se nos complica caminar por la calle, tenemos que andar con botas", desarrolló. En tanto, puntualizó que "ese barro también daña a los coches, sin embargo, nunca quedó uno atrapado".
Finalmente, remarcó que se quejó en reiteradas oportunidades en la cuenta de Facebook del intendente Francisco Gutiérrez, desde el cual, nunca le respondieron.