La tormenta dejó sus consecuencias marcadas. Y el hockey quilmeño no estuvo exento de los inconvenientes generados por la intensa lluvia que azotó al Capital Federal y el Conurbano bonaerense en la noche del miércoles. Ayer, ya con el sol en el cielo, se vislumbró cómo había quedado el predio cervecero del deporte de la bocha y el palo. Varias construcciones caídas y alambrados volados por el viento fueron una constante que tantos jugadores como dirigentes y el cuerpo de mantenimiento observaron. Por eso, todo el personal del club ayudó ayer a levantar columnas y acomodar elementos destruidos, aunque no fue mucho lo que se pudo hacer.
Dentro de las roturas sufridas por el estadio se encuentra la caída de los postes de iluminación, por la fuerte acción del viento, que se registró en Capital Federal y en el Conurbano bonaerense.
Por la gravedad de las roturas, se estima que el tiempo que demandará las reparaciones es de dos a tres meses, y si bien el campo de juego está en perfectas condiciones, los directivos prefirieron evitar cualquier complicación que pudiera llegar a ocurrir si acaso se lleva a cabo alguna actividad, pues temen que las columnas que quedaron en pié se puedan derrumbar ante otra ventisca, aunque sea de menor intensidad.
El trabajo del club será ahora poner en condiciones el estadio para poder volver a albergar a los cientos de chicos y chicas de las diferentes categorías que entrenan diariamente en la cancha de Quilmes.