Quilmes tuvo un paso fugaz en Primera. El sueño de repetir o al menos acercarse a lo que hizo el equipo de Gustavo Alfaro en la anterior vuelta del Cervecero a la máxima categoría para permanecer en la división por varios años quedó hecho trizas. Todo el esfuerzo que había hecho en su momento para ascender fue tirado como si nada a la basura. Este desenlace tiene una sola explicación y “casualmente” es el mismo de siempre: Un técnico nuevo, la base del torneo anterior desmantelada, y más de 20 refuerzos que no dieron sus frutos. Es definitiva un plantel mal confeccionado de movida. La llegada de Caruso Lombardi y levantada del final, con jugadores que estaban como última opción, hizo ilusionar a todo el pueblo; pero el esfuerzo de los marginados por los anteriores técnicos, Tocalli y Madelón, no alcanzó para ocultar el desastre futbolístico que ocasionaron éstos. El destino para Quilmes ya estaba escrito desde hace rato. Si se hace un repaso de todos los partidos, es cierto que en la temporada que pasó, en al menos 10 encuentros, los arbitrajes perjudicaron claramente al Cerveceros. También es cierto que Quilmes mereció sumar más puntos por lo que hizo en el campo de juego; pero lamentablemente en el fútbol el mereciómetro no existe. Los partidos se ganan con goles y cuidando el arco propio, y Quilmes no encontró nunca esta fórmula de la alegría segura. Encima los entrenadores no hallaron el equipo (el único que le puso sacar jugo a este plantel tan mal armado fue Caruso). Entonces, el final, por más que en el sur cueste asumirlo, es lógico. Después del ascenso, el entonces presidente José Luis Meiszner y compañía eligieron a Hugo Tocalli para que conduzca al equipo en la máxima categoría, un técnico que es ícono en el club por sus logros. Porque la idea era conformar un grupo con identificación con la Blanquita; pero eso nunca se consiguió. Lo primero que hizo Tocalli fue desmantelar el plantel que había logrado el retorno al fútbol grande porque los muchachos que estaban no eran de su agrado. Después, observó a los chicos del club que ya se habían afianzado en la B Nacional y los que estaban trabajando para ganarse un lugar entre los profesionales, y su veredicto fue sorpresivo para todos: “Necesitan seis meses de adaptación para poder jugar en primera”, dijo Tocalli, un DT experimentado en pibes por su paso glorioso en las selecciones juveniles. ¿Tanto se puede equivocar un entrenador con esa vasta experiencia? porque después esos muchachos que “necesitaban adaptación” estuvieron a punto de alcanzar el milagro de la salvación. Una vez que se hizo “la limpieza”, Tocalli y los dirigentes, con Meiszner a la cabeza, se empezaron a mover en el mercado de pases; y como en los últimos 30 años, eligieron a más de 20 futbolistas. Una cifra increíble y que a nadie le dio resultado.