Ramón Borda, vecino de la calle 396, afirmó que desde que se municipalizó la recolección, por su casa "pasan cada tres o cuatro días"; pero desde las fiestas pasaron siete días sin que le retiren la mugre.
Algo huele mal
La principal preocupación de los damnificados es el riesgo sanitario que se desprende de la acumulación de la basura. Es que muchas de las bolsas que arrojan los vecinos contienen desechos orgánicos, en su mayoría pertenecientes a restos de comida de las fiestas de fin de año.
Las elevadas temperaturas aceleran el proceso de descomposición de esos residuos, que emanan olores putrefactos y perjudican a quienes no se fueron de vacaciones y se quedaron en el vecindario; ya que ni siquiera pueden abrir las ventanas.