Santino Marinozzi nació el 5 de junio en el Hospital de Quilmes y al día siguiente le diagnostican un soplo, pero lo mandaron a su casa porque no corría riesgo. Con una semana de vida, su madre tuvo que trasladarlo de urgencia porque no respiraba y hasta incluso le practicó maniobras de resucitación.
"Durante los 32 días que estuvo internado por una supuesta neumonía, se negaron a hacerle a mi hijo una radiografía, que logré que se la practicaran recién cuando me fui a quejar a la dirección local de Derechos Humanos. Como en el Iriarte no había ecógrafo, el estudio se lo hicieron en el Dispensario de Quilmes y -supuestamente- salió bien, por eso nos dieron el alta. Pero cuando salí de ahí, al otro día lo llevé a la Casa Cuna y mi bebé era una bomba de tiempo", exclamó Soria.
"Yo no lo veía bien -continuó la mujer- pese a que me decían que no era nada grave. El tenía la cara y los labios pálidos y fríos por los problemas de circulación".
Muerte evitable
Soria afirmó que a su hijo "le podrían haber salvado la vida en esos 32 días que estuvo internado" en el Iriarte. "Nunca atendieron a Santino como su cuadro lo requería, hasta se negaban a hacerle un estudio de imágenes en su corazón y, cuando logré que se lo hicieran, los médicos no pudieron ver su defecto cardíaco.
El 28 de julio, finalmente, el cuerpo del pequeño no resistió más. Los especialistas de la Casa Cuna no llegaron a realizarle la operación que, si se la hubiesen practicado dentro de las primeras dos semanas, con un buen diagnóstico, le hubiera otorgado una chance más para poder vivir.