"Fue muy duro, lo único que quería era ver a mi hijo. Eso me llenaba de fuerza y ganas. Pero mi bebé empezó a somatizar porque no podía verme, así que los cirujanos -después de una semana- autorizaron que entre a la sala dos minutos. Me pudo ver acostada, me dio un beso en la mano y se fue", relató la ejemplar madre.
Al ser consultada sobre el respaldo que recibió de parte de sus vecinos, Romina no pudo contener la emoción y rompió en llanto. "Estoy muy agradecida, mientras estuve internada me llegaron mensajes de apoyo todo el tiempo. Cuando dejé el hospital, al otro día participé en una marcha por el barrio. Me crucé con gente que no conocía, que me decía que había rezado por mí. No tengo más que palabras de agradecimiento, estoy orgullosa de mis vecinos", reconoció.