"Sólo me falta entrar a la cancha y jugar". Así de certero fue Pablo Garnier, uno de los mediocampistas más experimentados de Quilmes, quien ya se restableció de su rotura de ligamentos cruzado anterior de la rodilla derecha, lesión que lo marginó de las canchas desde mediados de octubre, cuando se produjo su problema físico en un entrenamiento.
Casi siete meses después del inconveniente que lo dejó fuera de los campos de juego en la medianía del Torneo Inicial, el volante encara el último tramo de la recuperación y ya siente que puede aparecer en escena, aunque pretende no apurar los trámites, para evitar, fundamentalmente, recaídas que lo anulen para el tramo final del vigente campeonato, donde el Cervecero necesita su fortaleza anímica en pos de salvarse de caer, una vez más, a la Primera B Nacional.