Por otro lado, advirtió que “si bien este problema se debe a una sola pared, la del patio cubierto, puede producirse un efecto contagio para las demás paredes del jardín. El peligro es general”.
La vocación y atención que requiere la tarea de ser docente se grafican en las palabras de la encarga de turno tarde: “Cuando llueve tenemos que estar atentos a que los alumnos no circulen por el patio y llevarlos al aula que da al exterior”.
Con respecto a la congoja que padecen los chiquitos, Pozorski especificó que “muchos de los 220 niños que concurren a clases, tanto en los turnos mañana y tarde, le tienen miedo a la lluvia” y agregó que “la angustia aumenta en el instante en que tienen que ir al baño en la oscuridad. Es un drama para ellos y para nosotros también”.
La electrificación de la pared, que puede trasladarse a otras, parece no tener una solución: “Nos dijeron, desde el Consejo Escolar, que tienen que realizar un edificio nuevo. Eso nos traería un problema ya que tenemos que trasladar a los niños a escuelas primarias”.