La doctora Avalos habla con conocimiento de causa. Sus abuelos, padres y tíos llegaron a Ezpeleta hace 60 años y las generaciones sucesivas también se asentaron allí. Según cuenta a El Quilmeño, no hubo complicaciones de salud en su entorno familiar hasta mediados de la década del 90, cuando instalaron la planta transportadora de electricidad en la calle Laguarda. "Desde ese año hasta la fecha, fallecieron ocho familiares afectados por múltiples enfermedades, algunas desconocidas", afirma. Pero no sólo tiene en cuenta lo que ocurrió con sus allegados. "La mayoría de los vecinos sufren ACV y no son ancianos, tienen entre los 40 y 60 años", agregó.