Agustín Rodríguez estaba al frente de una panadería familiar y -junto a su esposa Marta- todas las mañana atendía él mismo a sus clientes, a quienes conocía desde hacía más de 50 años, por eso en muchos casos el vínculo era de amigos y no de clientes.
Al Gallego, como todos los conocían en el barrio, lo asesinaron dos motochorros que tras irrumpir en su comercio, y exigirle el dinero de la recaudación, le dispararon a quemarropa en el cuello provocándole la muerte de inmediato, y sin más huyeron del lugar.
Según explicaron algunos vecinos, Rodríguez estaba sentado en la caja registradora, mientras que su esposa ordenaba la mercadería de espaldas a la puerta de entrada, así fue como el delincuente que ingresó armado al comercio cometió el robo y luego antes de partir, le disparó al comerciante.
Los lugareños y en general todos los vecinos de Quilmes siguen exigiendo justicia por Rodríguez y por todas las víctimas de la inseguridad, que semana tras semana incrementa la lista de las familias que pierden a un ser querido en un hecho delictivo.