Ante ese panorama inexplicable, el vencedor se asentó en el terreno y comenzó a manejar los hilos del duelo gracias a la desesperación de un adversario confundido, complicado en el traslado del balón, y que no sabía cómo dar vuelta la historia.
Por eso el Cervecero avanzó en el campo y contó con alguna oportunidad más para aumentar la cuenta y darle rienda suelta al festejo.
Sin embargo, con el correr del reloj fue el Fortín el que se paró mejor y tuvo chances para acortar distancias en el marcador. Pero ni Lucas Pratto ni Milton Caraglio tuvieron la lucidez para concretar. Para colmo, Walter Benítez mostró sus reflejos y rapidez de piernas para evitar los momentos de zozobras en el área local.
Aguantar
En el complemento el panorama fue distinto. Vélez creció en su nivel y no le dio respiro a Quilmes. Y así fue como llegó el descuento con un grito, auténtico, de Pratto. El delantero certificó su octava conquista en el campeonato con un recorrido a pura fuerza y voluntad que dejó sin reacción a Benítez.
Y con ese 2 a 1 los nervios consumieron al local. Se retrasó en el campo de juego y el conjunto capitalino sacó rédito para adelantarse. Si bien carecía de claridad, simplificó la situación con la generación de peligro desde un mediocampo corrido unos metros en terreno del anfitrión. Y para colmo, el Decano, con cierta sensación de inseguridad en torno a su capacidad para resguardar el triunfo, se refugió en su espacio y padeció el andar consistente del rival.
Aún así, lo resistió. Firme en la última línea y con templanza para no dejarse arrastrar por el envión de quien estaba enfrente, Quilmes se sostuvo en pie y sumó una victoria trascendental.
Es que se cortó una racha de siete juegos sin halagos y, principalmente, se logró escapar del fondo de las estadísticas después de tanto esfuerzo.