03 de marzo 2012 - 00:00
Quilmes se conformó con el empate en el Monumental
El conjunto que conduce Ricardo Caruso Lombardi no se sacó ventajas con el Millonario y dejaron el campeonato de la B Nacional en las mismas condiciones que antes del duelo. Hoy pueden aprovechar Central e Instituto.
Caneo no encontró la manera de desnivelar en el Monumental.
Mucha expectativa generaba en la previa el partido. Pero lo cierto es que River y Quilmes, líder y escolta del campeonato, apenas jugaron los últimos 20 minutos, en los que hubo emoción y dinamismo. Antes poco y nada había pasado. Por eso estamparon un 0-0 anodino. Resultado que finalmente le queda mejor al Cervecero porque continúa ahí en la pelea y no le permitió al Millonario despegarse en lo más alto.
Luego de un inicio tosco, con un mucha lucha en el mediocampo, el conjunto local parecía que encontraba los caminos para construir su superioridad sobre el rival. Los primeros minutos estuvieron signados por la pierna fuerte, los golpes a destiempo y las dificultades para armar una jugada elaborada. Pero desde que Alejandro Domínguez tomó la pelota en sus pies, el Millonario se serenó y mostró la paciencia necesaria para lograr arribar al arco de Emanuel Trípodi. Sin embargo, a medida que el tiempo pasaba y el reloj corría, el que ganó el protagonismo de la escena fue el descontrol.
El Cervecero sólo tenía algunos tintes de buen fútbol en los pies de Miguel Caneo, pero era demasiado esporádico. A su vez, carecía de recorrido por las bandas, y estaba anulado Fernando Telechea como faro en el área contraria. El que tenía la batuta en el conjunto que conduce Ricardo Caruso Lombardi fue el capitán. Pablo Garnier fue el baluarte en la mitad de la cancha, y junto a Leandro Díaz evitaron el crecimiento en el terreno de juego por parte de River.
Aun así, en torno a su propia creación, el visitante no estuvo a la altura de lo que propuso en las últimas fechas, en las que obtuvo cinco victorias en fila, algo que le brindó la oportunidad de estar encaramado entre los equipos protagonistas del certamen de la Primera B Nacional. Fue difícil para Quilmes llegar a los últimos metros y generar peligro al arco que defendía Daniel Vega. La más clara: A falta de diez para el cierre de la etapa inicial, Garnier envió un centro preciso que cruzó toda el área y recaló en la cabeza de Caneo. El Chino peinó la pelota, que pasó cerca del palo izquierdo.
La respuesta no se hizo esperar y fue más profunda. Domínguez tomó el balón y disparó desde lejos para que se luciera Trípodi con una tapada monumental y le ahogara el grito de gol al Chori. Esas fueron las únicas opciones serias para destrabar la igualdad.

Mucho calor

El segundo tiempo corrió con la misma tónica. Aguerrido, con más violencia que juego. Pero el atisbo de fútbol apareció de la mano de Ocampo. El juvenil millonario abrió un cerco por la banda izquierda y le complicó el panorama a la defensa quilmeña. A tal punto avanzó en la cancha el local que dejó desorientado a su adversario en un par de intervenciones. Pero la falta de circulación era evidente. Tanto a uno como a otro las peripecias que debían realizar para formular una ocasión de gol se le hacían cuesta arriba.
Y hubo que esperar hasta una sorpresa cuando a los diez del complemento, Ponzio agarró la pelota muy lejos del área y con un remate fortísimo reventó el palo. Fue un simple espejismo, porque después no hubo posibilidades para ninguno de los dos lados. Intercambiaron piezas en el banco de suplentes. Trezeguet ingresó en River y Cauteruccio en Quilmes. Sin embargo, el envión anímico del local no se materializó en la red.
No hubo juego pero sí mucha emotividad. La muestra estuvo en la expulsión de los dos entrenadores luego de una discusión, acrecentada por todo lo sucedido a lo largo de la semana. Sólo quedó tiempo para un par de remates del Chori que atajó sin problemas Trípodi.