Pero la profundidad buscada no se encontró a la perfección. Si bien manejó la pelota con inteligencia con el Chino como artífice, perdió la brújula en los últimos metros y no había asociaciones claras para suministrarle las chances a Martín Cauteruccio y Facundo Diz. La más clara estuvo en la aparición de Romero, que el arquero logró despejar sin dudas.Quien sí se mostró dubitativo y generó el cambio en el partido fue Trípodi. El portero quilmeño, que hasta ese momento había tenido una sobria actuación, falló al contener un centro que parecía sencillo, y la equivocación le dejó la pelota a Barrera, quien venía por detrás y definió con el arco libre. Iban 25 minutos del segmento.
Desde ese momento se esfumó la tranquilidad. Toda la calma con la que construyó su mayor protagonismo se desvaneció en esa jugada para el Decano. Con la obligación de alcanzar el empate, la lucidez de Caneo se diluyó y las proyecciones por las bandas, propicias para los centros, carecieron de precisión. Para colmo, Argentinos comenzó a utilizar los nervios del rival: Núñez puso la pelota en sus pies y distribuyó con solvencia. Y hasta tuvo sus chances para ampliar la ventaja.
La ansiedad se trasladó a las tribunas, pues cuando faltaban diez minutos para el cierre, los hinchas empezaron a tirar rollos de papel, impidiéndole tirar un corner al propio Núñez, algo que decantó en mucho tiempo para recuperar. Pero más allá de ese lapso, no hubo caso. Ya no había vuelta atrás. Poco antes, Fernando Telechea retornaba al campo tras la lesión, pero ni esa carta logró ayudar a Quilmes, que derrumbó su invicto y el Bicho le dio un baño de realidad.