Su posición cambió también con el tiempo y parte de su aprendizaje se dio sobre el terreno de juego, con los rivales cara a cara. Por eso, confió: "Siempre jugué de cinco tapón. Me gusta ser el más retrasado, pero donde estoy jugando me siento cómodo".
Pero ahora que tienen que volver al trabajo y que la segunda mitad del campeonato asoma, la idea de ponerse fuertes de nuevo es lo único que los ocupa.
"Estamos muy metidos en el grupo. Todavía charlamos por WhatsApp sobre los rivales que vendrán. Nosotros estamos preocupado también porque queremos dejar a Quilmes en lo más alto. Vamos a dejar todo siempre", sintetizó.
Pero, consultado sobre su futuro, el volante surgido de las inferiores de Lanús no puso en duda su continuidad y subrayó: "Tengo la cabeza puesta en Quilmes. Jugué diez partidos seguidos y eso es algo que me viene muy bien".