Por otro lado, el defensor explicó por qué tuvo que dejar la cueva: "Voy a cumplir 68 años y hasta hace cuatro meses jugaba al fútbol. Ahora no puedo porque tengo una operación de columna, pero hace mucho participo acá. Soy una de las anécdotas, no mías, sino de los contrarios, por las patadas, je".
Y al autodefinirse, precisó: "Sé que soy un jugador duro, pero leal. Nunca le pegué a nadie arteramente. A lo sumo, fuimos a trabar con fuerza y sin miedo. Quizás por eso habré raspado, pero no lastimé nunca a nadie adrede".
En cuanto al ambiente del campeonato, no dudó en expresar que "siempre la mejor parte es el tercer tiempo. Es más, nos tuvimos que cambiar de zona para tener una cancha con un buffet mejor y poder quedarnos más cómodos. Además nos conocemos entre todos y te saluda gente de otros equipos".
Juvenil
En sus inicios, González despuntó en Quilmes, Argentino de Quilmes e Independiente. Al hablar de aquellos pasos, señaló que hubo algunas cuestiones por las que no alcanzó lo más alto. "Lo más lejos que llegué fue a la Tercera del Mate y después dejé porque en mi casa preferían que estudiara en el colegio industrial a que me rateara día por medio para ir a las prácticas", confesó.
Con respecto a los compañeros que tuvo, destacó a uno por encima de todos: "De los que yo jugué, el único que llegó fue Ricardo Quaini, que estuvo en Quilmes y Tigre. También tuve técnicos que me enseñaron mucho".
Por otra parte, contó que, ya lejos del profesionalismo, le tocó compartir cancha con estrellas. "He jugado con tipos que yo miraba en la figurita. Por ejemplo, Amadeo Carrizo y Juan José Pizzuti, que lo veía desde el alambre. Todo entre veteranos de clubes profesionales", concluyó el veterano.