Por ende, explicó que "no podemos mantener las ventanas ni las puertas abiertas porque nos ensucia todo el interior de nuestras viviendas, los muebles y las ropas que tenemos".
Sin embargo, eso no sería lo más indignante porque también dicen presentes el barro y las inundaciones.
En relación a la primera cuestión, Diego enfatizó que la tierra se transforma en un verdadero pantano después de las lluvias y detalló que "dura una semana en secarse".
Ante este problema, los remiseros deciden no circular por la calle 891 por temor a quedarse atascados. "Cada vez que decimos que vamos hacia la calle 891, no quieren que realizar el viaje porque saben en qué estado se encuentran las calles", desarrolló.
En cuanto al segundo punto, el de los anegamientos, señaló que se llena de agua cada vez que hay una fuerte precipitación, de tal forma que "el agua ingresa en el interior de las viviendas".
Como una medida para paliar las inundaciones, Diego y su familia decidieron elevar el nivel de su vivienda. Al respecto, puntualizó que "nuestra casa está a unos 20 o 30 centímetros del nivel del suelo". Y precisó que "hay otros vecinos que tiran escombros para emparejar las calles, sin embargo, hay otros que nos oponemos".