La Supersopa cumplió 14 años de su invención y sigue siendo considerado uno de los hitos más importantes de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Se trata de un producto alimenticio formado por carne picada, arroz y vegetales (papas, zanahorias, cebollas y arvejas) sin ningún tipo de conservantes ni aditivos.
Los objetivos siempre estuvieron claros: se trataba de colaborar con los sectores más desfavorecidos y de consolidarse como una práctica profesional. Pronto, las primeras latas arribaron a las mesadas de los comedores comunitarios y escolares de la zona quilmeña. Con el tiempo, el mapa se ensancharía y el alimento llegaría a otros barrios, provincias, países y otros continentes.
En la actualidad, a 14 años de la primera experiencia, Gastón Arraiz, director del Programa Supersopa, señaló que “si bien hemos producido otras variantes alimenticias específicas para ampliar nuestra oferta (guisos, estofados, locros) siempre mantuvimos la idea de producto único, noble, conocido por todos, como una opción perfecta para el almuerzo o la cena”.
Alimentos sanos
En este sentido, reconoció que el propósito no se ha modificado demasiado y mencionó que “buscamos elaborar alimentos sanos, nutritivos y a bajo costo, que cumplan con los estándares de seguridad alimentaria y puedan ser conservados con una vida útil estimada en 3 años”, complementa Arraiz.
El acto de alimentarse implica una respuesta a una necesidad biológica y forma parte de la dinámica instintiva de los seres humanos, pues básicamente, quien no come perece.
Sin embargo, también es un fenómeno social y cultural: las personas no se alimentan de cualquier plato, en cualquier contexto y de cualquier modo.
Por el contrario, respetan pautas, siguen líneas de acción y cumplen con ritualidades -muchas veces- sin siquiera advertirlo. Desde aquí, la idea de producir una sopa que, por su tradición y simpleza, pudiera adaptarse a un público universal fue la regla de oro que acompañó la creación del producto desde sus orígenes y todavía se mantiene vigente.
Asimismo, se refirió a la importancia de contar con la planta de producción como un espacio para la formación profesional de los ingenieros en alimentos, estudiantes que adquieren herramientas de trabajo mientras avanzan en la carrera que se dicta en la Universidad.
En este sentido, comentó el establecimiento “ha devenido en un verdadero centro de formación de futuros ingenieros. Nuestros esfuerzos están centrados, en efecto, tanto en la parte académica así como también en el desarrollo de productos y tecnología”.
Si bien por Supersopa han transitado -en promedio- una decena de estudiantes por año, la cifra de personas que participaron en el programa es incontable.