01 de octubre 2015 - 10:19
Sobreviven desde hace 10 años en plena marginalidad
Sin luz ni agua, los vecinos de La Arboleda deben realizar conexiones clandestinas para vivir el día a día, ya que se cansaron de solicitar los servicios sin obtener respuesta. Además, al no tener desagües sufren severas inundaciones.
sobreviven desde hace 10 anos en plena marginalidad

A la hora de establecer prioridades, el Municipio de Quilmes jamás tuvo en cuenta al barrio La Arboleda de Bernal Oeste, donde unas 60 familias sobreviven desde hace 10 años sin que se les brinde servicios de luz y agua, sumado a que padecen severas inundaciones producto de la falta de desagües, lo que convierte a las calles de tierra en verdaderos lodazales imposibles de transitar.

En la última década, pese a los constantes reclamos a las autoridades locales, nunca se llevó a cabo ni siquiera un proyecto para urbanizar la zona, que se encuentra delimitada por Pasco (Tomás Flores) Monseñor de Andrada y las calles 190 y 192.

La ausencia del Estado obligó a los vecinos a realizar conexiones clandestinas de los servicios esenciales. "Una vecina paga el agua y, desde su casa, tiramos los caños para nuestras viviendas. Nos cansamos de hacer pedidos para que venga AySA", explicó Francisco Agustín Pereyra en diálogo con El Quilmeño.

Lo mismo ocurre con la luz. "Estamos todos enganchados. Desde un poste de la calle bajamos las conexiones. Obviamente es una situación irregular, pero solicitamos estar en regla y nunca vinieron a poner los medidores", agregó el vecino.

Aislados

Por ahora, con las conexiones clandestinas, los habitantes de La Arboleda suplen la prestación regular de los servicios. Sin embargo, nada pueden hacer contra las inundaciones.

"Las calles son de barro y después de una tormenta prácticamente no podemos salir. Cuando las lluvias son más copiosas, como viene ocurriendo, hasta se inundas las viviendas", describió Pereyra.

Asimismo, reveló que, desde el Municipio, "siempre vinieron en épocas de campañas electorales pero nunca para hacer crecer al barrio con infraestructura". "Estamos cada vez peor, el barrio se está viniendo abajo", lamentó el hombre.

Cruda realidad

En el barrio La Arboleda, la mayoría de las familias viven en precarias casillas de madera y trabajan como recicladores de basura, juntando cartón, plásticos, vidrio y otros elementos de las calles del distrito. Casi todos los niños comen al mediodía en la escuela y, por la tarde, reciben merienda y cena en el Comedor Changuitos Felices, que es gestionado por los mismos vecinos con donaciones.