El arrasador temporal de viento desatado el lunes pasado fue sinónimo de tragedia para una familia de Bernal Oeste, que sufrió la caída de un enorme y viejo árbol sobre el techo de su vivienda que ocasionó graves daños en la estructura de la misma; y, según denunciaron los propios afectados, desde que ocurrió el lamentable accidente viven “un calvario” porque “el municipio no está realizando las tareas adecuadas” para sacar el enorme tronco que quedó atravesado en el hogar. Si bien no se registraron víctimas fatales, los perjudicados tildaron al hecho como “una tragedia” debido a la gravedad de los daños materiales. En diálogo con este medio, Humberto Castillo, el jefe de una familia con seis integrantes, confesó angustiado que un especialista en construcción le anticipo que su casa “no sirve más”. “Desde la comisión que asiste las catástrofes en Quilmes me prometieron que me van a ayudar en la reconstrucción de mi hogar, pero para empezar el municipio tiene que sacar el tronco. Hasta ahora vinieron dos veces, trabajaron dos horas nomás y se fueron. Yo no puedo seguir en esta situación y la ayuda es mínima”, indicó el padre del grupo familiar. En ese sentido, el hombre solicitó la presencia en su casa del personal de Defensa Civil. “Nos mandan empleados de las cooperativas, yo no tengo nada en contra de ellos, pero no son especialistas en este tipo de problemas. Cuando vienen, cortan los troncos al voleo y mi casa se está hundiendo cada vez más. No tienen mala voluntad, pero deberían venir expertos en el tema”, pidió. En el barrio Iapi, la vivienda de los Castillo -ubicado en calle 177, entre Los Andes y Chaco,- fue bautizada como “la casa del desastre”, tras la destrucción parcial de la misma. Y no es para menos. Durante las intensas ráfagas de viento del último lunes, que alcanzaron los 80 kilómetros por hora, un árbol de más de 100 años de antigüedad, que superaba los diez metros de alto por uno y medio de ancho, comenzó a caer lentamente desde el patio de un vecino, impactando de lleno contra la casa, provocando el derrumbe de dos paredes y la rotura de los techos. “Como el árbol era tan grande, la caída fue lenta. Si se hubiese venido abajo de repente, no quedaba nada y nosotros no estaríamos vivos”, aseguró Humberto Castillo. A raíz de las roturas en la estructura de la casa, la familia debe convivir con innumerables inconvenientes. En ella, habitan los cuatro hijos de Humberto, de 20, 15, 7 y 1 año de edad.