Ante el juez Pablo Eduardo Pereyra, la defensa expuso que Giulidoro, antes de apretar el gatillo, gritó "Alto, policía"; y que, tras impartir la voz de autoridad, fue atacado de un balazo, motivo por el cual repelió el fuego contra los malvivientes.
Sin embargo, el adolescente que sufrió el intento de robo desacreditó esa versión al prestar su declaración testimonial, en la que afirmó no haber escuchado la voz de alto ni los dos disparos, sino tan sólo uno de ellos.
Cuando parecía que la balanza se inclinaba en contra de Giulidoro, su abogado defensor apeló a uno de los mayores problemas actuales: La inseguridad.
Para convencer al jurado, integrado por 12 vecinos de Quilmes, Berazategui y Florencio Varela, el letrado les dijo: "Ustedes están acá, representando a una sociedad que no duerme tranquila cuando sus hijos salen a la noche, que sufren un flagelo como son los motochorros, que sufre entraderas. Ustedes representan a la sociedad, que dice que la Policía no hace nada. Y ustedes le van a dar un mensaje a los policías".
Con esa estrategia, el defensor logró persuadir al jurado y Giulidoro apenas fue condenado por "Homicidio Culposo", con una pena considerablemente menor a la que habría recibido en un juicio oral.