El 80 por ciento de las personas que la padecen sufre, además, trastornos del sueño. Así lo afirmó el Jefe de la Unidad de Reumatología del Sanatorio Adventista del Plata de Entre Ríos, Edson Velozo, quien destacó que estas dificultades para dormir las sufren "fundamentalmente aquellos en los que ya sea por falta de tratamiento o porque éste no está siendo eficaz, la enfermedad todavía presenta actividad inflamatoria en las articulaciones y rigidez generalizada". Los síntomas típicos de la AR "se exacerban cuando el cuerpo deja de estar en movimiento, por lo que tienden a ser peor durante la noche, con la consiguiente dificultad para conciliar el sueño o para mantenerlo sin despertarse en la madrugada", detalló.
Más allá de la ciencia médica, la lógica indica que un dolor crónico afecta la calidad del sueño y, al mismo tiempo, la carencia de sueño agrava el dolor. En ese sentido, María Alicia Lazaro, coordinadora del área de Investigación del Instituto de Asistencia Reumatológica Integral (IARI), aclaró que, si bien la prevalencia de la enfermedad "es mayor en mujeres que en hombres", los malestares relacionados al momento de conciliar el sueño se registran tanto en hombres como en mujeres y a veces están asociados a otras causas, como las preocupaciones diarias. Lazaro aconseja "usar un diario y anotar las preocupaciones y al lado de cada una indicar cómo se propone hacer frente a esas tensiones, para evitar seguir pensando toda la noche en ellas y que eso sea la causa de la perturbación del sueño".
"En primer lugar, se debe controlar el dolor y la inflamación, y por supuesto realizar un tratamiento específico para la enfermedad a fin de lograr el control completo de la misma. Es muy importante entender que control del dolor no es sinónimo de control de la enfermedad, ya que con ciertas drogas se puede reducir muy bien el dolor, pero sin un tratamiento específico, la enfermedad progresará en daño articular, deformidad y discapacidad", subrayó, por su parte, Velozo.
Ambos especialistas recomendaron además cuatro medidas generales que pueden ayudar a descansar mejor:
1) Utilizar la cama sólo para dormir. Nunca cenar, trabajar o ver televisión en ella. Acondicionar el dormitorio para que sea oscuro, silencioso y confortable.
2) Dormir, diariamente, una breve siesta (30-35 minutos). Evitar que dure más de una hora, ya que es contraproducente.
3) Mantener una rutina de horarios: es preferible acostarse temprano (antes de las 23) y no dormir más de 8 o 9 horas.
4) Cenar al menos dos horas antes de dormir. Luego de la cena evitar trabajar o estudiar, y la ingesta de cafeína y/o alcohol"
La actividad física es recomendable como parte del tratamiento integral: mejora la condición muscular e impacta positivamente a la hora de conciliar un sueño reparador, lo que refuerza la necesidad de recomendar y prescribir ejercicios a las personas con AR.
Velozo agregó que en pacientes con Artritis Reumatoidea el Síndrome de Apnea e Hipopnea Obstructiva del Sueño (SAHOS), una afección en donde la respiración se detiene al momento de dormir a causa del estrechamiento o bloqueo parcial de las vías respiratorias, "es hasta cuatro veces más frecuente en los pacientes con AR que en la población general. Las diversas series de estudios muestran una media del 11%, llegando en algunos países incluso al 20%".
"Es muy importante que los pacientes sepan la importancia de un tratamiento integral llevado adelante por un reumatólogo", aclaró Velozo, y concluyó: "Siempre es importante también, valorar si existen otras causas adicionales que puedan estar afectando el sueño, y también darle a estas, si es que existen, el tratamiento que corresponda".