Los técnicos desarrollaron dos formulaciones, una dulce y otra salada, para que puedan ser consumidos en diferentes momentos del día, "la idea es que en un mismo envase se entreguen los dos tipos de galletas, para que se puedan ingerir en forma alternada, dulces para desayuno y merienda, y saladas para almuerzo y cena", indicó.
Las dos formulaciones desarrolladas son: sabor vainilla y sabor queso, que pueden adaptarse a otros sabores, como limón, durazno, jamón, entre otros.
Además, señaló que "hemos realizado varias encuestas en situaciones de emergencia y descubrimos que el formato de galleta es el que tiene mayor aceptabilidad", porque "existen barras compactas pero tienen baja resistencia mecánica, es decir, se deforman con facilidad y los envases son muy costosos, a diferencia de las galletas que tienen mayor resistencia y se abaratan los costos del envase".
El informe del INTI detalla que en el desarrollo de este alimento se tuvo en cuenta el valor nutritivo, su aceptabilidad sensorial, y la estabilidad durante el almacenamiento en ambientes desfavorables, considerando las tendencias que rigen al sector de alimentos: salud y bienestar (libre de grasas trans y bajo contenido de sal), sin ingredientes considerados alérgenos, sin T.A.C.C (Trigo, Avena, Cebada y Centeno), apto para celíacos y fortificado con vitaminas y minerales.
El aporte energético es de 390 kilocalorías cada 100 gramos y el total de materia grasa es del 35 - 45 por ciento de la energía total, lo que permite proporcionar la densidad de energía suficiente para satisfacer los requerimientos energéticos, y permitir la elaboración de un producto de peso ligero y elevada palatabilidad (características orgánicas de un alimento, independientemente de su valor nutritivo).