Es indudable que cuando los hijos atraviesan la adolescencia la comunicación con los padres se convierte es un recuerdo ¿Dónde está ese niño dulce que pedía por favor? ¿Dónde esa princesita que sonreía todo el día? Que alguien me devuelva a mi hijo, gritaba desesperada una mamá.
Ellos atraviesan una etapa complicada, se debaten entre la infancia y la adultez, sienten que pueden y no son reconocidos, entre otras cosas. Esto quiere decir que están ensayando y poniendo en juego su autonomía, aquella gracias a la cual mañana podrán conquistar el mundo y nosotros estaremos muy orgullosos. Pero, sin querer, muchas veces los padres somos los responsables de que la espiral de problemas siga creciendo. Los estilos autoritarios no colaboran con la problemática adolescente y lo único que logramos es alejar más a nuestros hijos. Esto no quiere decir que se les debe permitir que hagan cualquier cosa. Se trata de comprender, una vez más, de apelar a la empatía. Lo positivo sería que ellos comprendieran por qué no deben hacer determinadas cosas, esto favorece el desarrollo de su responsabilidad y el de su autonomía.
Lo mismo sucede respecto de la escuela, de alguna manera algunos adolescentes pierden la motivación por el estudio. Los especialistas coinciden en que se debe al aburrimiento, a la pérdida de la noción de importancia del aprendizaje, y del amor a los desafíos. La motivación disminuye por diversos motivos: es una etapa en la que suceden muchos cambios biológicos, y esto genera cambios en el estado de ánimo y en la personalidad; inseguridades físicas y emocionales; falta de apoyo en la escuela o un ambiente escolar hostil; presiones del grupo de pertenencia; falta de proyección respecto de las posibilidades futuras; corto tiempo de atención, gracias a la velocidad audiovisual a la que están acostumbrados, por ejemplo por los ritmos televisivos, todo tiene que ser corto, veloz y divertido; falta de ejemplos en los adultos. El éxito en la escuela requiere de tiempo y esfuerzo, dos categorías hoy bastante devaluadas.
La pregunta importante en este punto es cómo fomentar, entonces, esa motivación de la cual carecen: cuando los padres muestran que es válido hacer esfuerzos, cumpliendo con sus obligaciones, valorando el aprendizaje personal y el de sus hijos. Ayudándolos a ponerse metas que puedan ser cumplidas. Transmitiéndoles valores respecto del trabajo intenso, de la satisfacción de la meta alcanzada. Haciéndolos sentir útiles, que sus padres confían en ellos, brindándoles su apoyo y no siempre una crítica. Participar en la vida de los hijos es la mejor manera de involucrarse. Estar al tanto de sus tareas, de las actividades que se realizan en la escuela, de qué sucede con sus amigos, qué le causa gracia, qué lo entristece, qué música le gusta.
Todo esto lleva su tiempo, tanto en los chicos como en los padres. Los adultos venimos de otro tipo de educación, tal vez más autoritaria, que no se lleva bien con los tiempos modernos. Pretender que los adolescentes de hoy respondan a los estilos educativos de antes es una ingenuidad, no sólo porque cada época tiene sus características sino porque estaríamos pretendiendo que ellos hagan algo que ni siquiera nosotros hacemos ¿Qué comentarios escuchan de nuestra parte de sus profesores, de su escuela, de aquellas figuras sociales que para nosotros representan la autoridad?
TIPS
- Mucho afecto, pero también la firmeza necesaria para mantener los principios de los acuerdos establecidos previamente entre padres e hijos. Acuerdos que deben surgir del consenso, la reflexión y el razonamiento entre ambos.
- El respeto por estos acuerdos sólo es posible si el dolescente es implicado en la toma de decisiones de la familia, y debería ir en aumento a medida que el adolescente va creciendo y demostrando que tomadecisiones de manera responsable.
Pubertad, ese otro “huésped” que nos llega La pubertad es el tiempo en el cual las características físicas y sexuales de un niño maduran y se presenta debido a cambios hormonales. La adolescencia es el período entre la pubertad y la edad adulta. La edad exacta en la cual un niño ingresa a la pubertad depende de muchos factores diferentes, como los genes, la nutrición y el sexo de la persona. Durante la pubertad, las glándulas endocrinas producen hormonas que causan cambios corporales y el desarrollo de las características sexuales secundarias.
En las niñas, los ovarios comienzan a incrementar la producción de estrógeno y otras hormonas femeninas.
En los niños, los testículos aumentan la producción de testosterona. Las glándulas suprarrenales producen hormonas que provocan un aumento en la sudoración de las axilas, olor del cuerpo, el acné, al igual que en el vello axilar y púbico. Este proceso se denomina adrenarquia. El niño a menudo necesitará un desodorante o un antitranspirante para las axilas durante este tiempo.
En las niñas El desarrollo de las mamas es el signo principal de que una niña está entrando a la pubertad y a esto le sigue el primer período menstrual (menarquia). Antes de la llegada de la primera menstruación, una niña normalmente tendrá:
- Un aumento en la estatura
- Ensanchamiento de las caderas
- Secreciones vaginales claras o blanquecinas
- Crecimiento de vello en el pubis, las axilas y las piernas Los ciclos menstruales ocurren aproximadamente en un período de un mes (28 a 32 días) y al principio pueden ser irregulares.
En los niños El primer signo de pubertad en los niños es el agrandamiento de ambos testículos. Después de esto, los niños normalmente experimentarán:
- Crecimiento acelerado, sobre todo de estatura
- Crecimiento de vello en el área de los brazos, la cara y el pubis
- Aumento del ancho de los hombros
- Crecimiento del pene, del escroto (con enrojecimiento y pliegue de la piel) y los testículos
- Eyaculaciones durante la noche (emisiones nocturnas o “poluciones nocturnas”)
- Cambios en la voz.