ver más
22 de septiembre 2026 - 09:21
Día Mundial de la Leucemia Mieloide Crónica: síntomas y tratamientos

Cada 22 de septiembre se conmemora esta fecha para concientizar sobre una enfermedad de la sangre que suele avanzar lentamente y puede controlarse con tratamientos dirigidos.

Cada 22 de septiembre se recuerda el Día Mundial de la Leucemia Mieloide Crónica (LMC), una enfermedad de la sangre que afecta la médula ósea y el sistema sanguíneo.

La LMC aparece a partir de una alteración genética adquirida que provoca la formación del gen de fusión BCR::ABL1, vinculado con los cromosomas 9 y 22. Esta modificación produce una proteína con actividad tirosina quinasa que estimula la generación excesiva de células sanguíneas.

A diferencia de las leucemias agudas, la LMC suele avanzar de manera más lenta y, en muchos casos, se detecta durante la fase crónica, etapa en la que el tratamiento suele ofrecer buenos resultados.

Cansancio, descenso de peso y otros síntomas que pueden presentarse

Una de las características de la LMC es que algunas personas pueden no tener síntomas en las primeras etapas. En esas situaciones, la enfermedad puede ser detectada mediante un análisis de sangre realizado por otra razón.

Cuando aparecen signos, pueden manifestarse como cansancio, debilidad, dificultad para respirar al realizar actividades cotidianas, fiebre, pérdida de peso sin explicación, sudoración durante la noche y dolor o sensación de llenura debajo de las costillas del lado izquierdo, relacionada con el crecimiento del bazo.

Por este motivo, las alteraciones que persisten en un hemograma deben ser evaluadas por un profesional y, cuando sea necesario, complementadas con estudios específicos para confirmar el diagnóstico.

También pueden presentarse anemia, una mayor tendencia a sufrir infecciones o sangrados, debido a que las células anormales van ocupando el espacio de las células normales dentro de la médula ósea.

Los tratamientos específicos modificaron el pronóstico de la enfermedad

Uno de los principales avances en el tratamiento de la LMC fue la aparición de los inhibidores de tirosina quinasa (TKI), fármacos que actúan específicamente sobre la proteína anormal producida por BCR::ABL1.

En la actualidad, esta clase de medicamentos es el tratamiento estándar para la mayoría de las personas diagnosticadas con LMC en fase crónica.

La llegada de estas terapias modificó de manera significativa la evolución de la enfermedad, que durante décadas estuvo asociada a un pronóstico mucho más limitado. Para muchos pacientes, actualmente es posible controlar la LMC durante largos períodos. La Leukemia & Lymphoma Society destaca que, desde la incorporación de los TKI, muchas personas pueden alcanzar una vida prolongada y con un menor impacto derivado del tratamiento.

El control médico periódico también resulta esencial, ya que permite determinar cómo responde la enfermedad a la terapia y detectar posibles modificaciones en su evolución.

Qué diferencia existe entre la leucemia mieloide crónica y la aguda

Aunque ambas contienen la palabra “mieloide”, la LMC y la leucemia mieloide aguda (LMA) son enfermedades diferentes. La LMC generalmente presenta una evolución más lenta y puede mantenerse durante años en su etapa crónica. En cambio, la LMA se caracteriza por un crecimiento acelerado de células inmaduras en la médula ósea y, por lo general, requiere comenzar el tratamiento poco después de ser diagnosticada.

En la LMA, las células leucémicas dificultan la producción normal de glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. La estrategia terapéutica depende del subtipo de la enfermedad, las alteraciones genéticas identificadas, la edad y el estado general de cada paciente, y puede contemplar quimioterapia, tratamientos dirigidos y trasplante de células madre.

Por eso, aunque ambas enfermedades pertenecen al grupo de las leucemias mieloides, su evolución, la forma de diagnosticarlas y las alternativas de tratamiento son diferentes.