Actualmente existen dos grandes líneas en la psicología que analizan el miedo. Una de ellas es la conductista y la otra la psicología profunda.
Para la psicología conductista el miedo es algo aprendido, es decir transmitido de padres a hijos. Ejemplo: "En la oscuridad hay fantasmas y monstruos que te van a agarrar si te portás mal". El resultado será una persona que tendrá miedo a la oscuridad el resto de su vida...
Para la psicología profunda, el miedo que sufre una persona es correspondiente a un conflicto básico existente y no resuelto en la persona, es decir, viene con nosotros cuando nacemos. Ejemplo: si tenemos miedo a la oscuridad es porque imaginamos que es cierto que ésta está habitada por fantasmas y monstruos.
El miedo protege
En general se acepta casi sin discusión que el miedo es una herramienta natural para la defensa y la supervivencia. Si nos ataca un animal feroz vamos a tratar de ponernos a salvo nosotros y a nuestros seres queridos para protegerlos. Luego elaboraremos un plan (o lo que sea) para alejarnos del peligro o terminar con él, pero siempre tratando de estar lo más a salvo posible arriesgando nuestra integridad lo menos posible para obtener el resultado buscado. No es cobardía vergonzante huir de una amenaza que no es posible enfrentar, es el sentido de la sobrevivencia disparado por el miedo natural que nos protege al enviarnos esa señal de alerta que es el miedo.
Las especies sobrevivieron gracias al miedo: huyeron cuando los acechaba un peligro mayor. El Hombre es la demostración.
En sentido contrario, no es valiente quien no tiene miedo a nada. Personajes así -que los hay- lo son porque carecen de ese sentido, que no es diferente a los que carecen del sentido de culpa los delincuentes, o del sentido común los dementes, sólo por poner algunos ejemplos de carencias de algún sentido. Quien asegura no tener miedo a nada, íntimamente está convencido que es indestructible, invencible y, finalmente inmortal. Y ya sabemos que los cementerios también reciben a seres tan especiales.
Desde el punto de vista de la evolución, el miedo es un complemento y una extensión del dolor. Seguramente esa es la síntesis: el miedo es una luz roja que nos protege.
El mecanismo que dispara la emoción del miedo, tanto en el ser humano como en los animales se encuentra en el cerebro. Exactamente en el sector reptiliano que es el que se encarga de regular acciones elementales y diarias como comer y respirar. Y también en el sistema límbico siempre hablando del cerebro- que es el encargado de regular las emociones, la lucha, la huida, el evitar el dolor, y todas aquellas funciones que tengan que ver con la conservación del individuo y su especie.
El miedo social, al que muchos también llaman timidez
Uno de los miedos más paralizantes que sufren algunas personas es el llamado miedo social. Suele ser en general, de manifestación sutil, algunos lo llaman timidez.
A esta forma de miedo a interrelacionarse con otras personas, a mostrarse en público, incluso a visitar familiares y amigos va cercando la vida del tímido hasta aislarlo en situaciones extremas.
Muchas personas, por miedo al "qué dirán" no van a las fiestas escolares de sus hijos porque piensan que su ropa es muy humilde para mostrarse en público, perdiéndose así momentos inolvidables de sus vidas.
Otros nunca llegan a formar familias por su temor a encarar una relación. Incluso se sienten bloqueados o piensan que no van a poder hacerlo porque imaginan que no saben de qué van a hablar. Las personas del otro sexo lo intimidan. Acá, muchas veces funciona el miedo imaginario, porque no entablan relación por temor a que el otro los rechace o se burle.
Una forma de miedo muy inmovilizante es la que sufren aquellos que temen abandonar la casa de sus padres, pero no tanto por temor a fracasar llevando una vida propia sino por temor a dejar a sus padres solos: "¿Si me voy de casa, quién se va a ocupar de ellos, quién va a cuidarlos?", y generalmente esos padres se desenvuelven solos, pero conciente o inconcientemente inculcaron en estos hijos el miedo a que si los dejan solos van a sufrir o les "va a pasar algo".
Suele ocurrir que recién tras la muerte de estos padres, el hijo-guardián trata de formar su propia familia, pero ya tiene una edad en la que se perdió la oportunidad de tener hijos propios por la edad, pero, mentalizado por su propia crianza es él el que no quiere vivir y morir solo y necesita de un cuidador que como no será un hijo propio probablemente lo sea un esposo/a con parecidas características de carácter.
El miedo social suele ser una manifestación de carácter, pero aseguran psicólogos y otros expertos, ese miedo también puede aprenderse de padres muy limitados socialmente o muy dominantes de la vida de sus hijos.