Durante la noche, una persona pasa por las diferentes etapas, alternando sueños livianos y más profundos en ciclos de aproximadamente 90 minutos. Cuanto más sueño profundo tengamos y en qué momento de los ciclos nos despertemos va a influir en la calidad del descanso y en los beneficios.
Nuestro organismo regula naturalmente las horas en que dormimos y en que estamos despiertos. Sin embargo, las demandas culturales como, por ejemplo, las largas horas de trabajo nocturno, las cenas muy tarde a la noche, la computadora y la televisión, llevan a que este ciclo de sueño y vigilia se rompa. En consecuencia, muchas veces estamos despiertos cuando se supone que deberíamos estar durmiendo y estamos durmiendo cuando nuestro cuerpo recibe las señales de tener que estar despiertos. El problema de esto es que se trata de un proceso fácil de alterar pero difícil de volver a equilibrar.
La falta de sueño no sólo genera cansancio físico sino que perjudica el funcionamiento de nuestro organismo.
Las investigaciones sugieren que cuando uno no duerme se provocan fallas en la atención, bajo rendimiento cognitivo y un deterioro de la capacidad de comprender, tomar decisiones e, incluso, problemas cardiovasculares.Entonces, una de las respuestas máximas a la pregunta inicial sobre para qué sirve dormir quizá sea que dormimos para vivir. Y para vivir mejor.
Facundo Manes es neurólogo y neurocientífico. Presidente de la Fundación INECO y rector de la Universidad Favaloro.Para comunicarse con esta sección: conocer@dpopular.com.ar
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