¿Qué es la hiperactividad en los chicos? Los especialistas la definen como un trastorno por el cual los niños que la padecen tienen dificultades para concentrar su atención en algo determinado, y requieren mover su cuerpo durante períodos de tiempo prolongados, dificultando de esa manera la posibilidad de aceptación de normas y pautas.
Los síntomas que se presentan pueden ir variando según las diferentes edades y personalidades de los afectados, pero en términos generales, se asocia a la hiperactividad con dificultades a la hora de la concentración, no acatamiento de las reglas, problemas en la organización de actividades, necesidad de estar continuamente en movimiento, gritos frecuentes y actuar impulsivamente sin pensar previamente lo que se va a realizar.
Existen diferentes opiniones entre los profesionales acerca de cuáles pueden ser las causas que intenten explicar la aparición de dicho trastorno en los chicos, ya que algunos consideran que puede deberse a una maduración tardía del sistema nervioso, o bien pueden existir lesiones cerebrales o alteraciones genéticas que afecten el desarrollo psíquico normal de los pequeños.
Los tratamientos pueden ir variando desde la medicación hasta diferentes actividades terapéuticas que ayuden a ir organizando generando diferentes esquemas organizativos de tareas, es decir, que los niños puedan ir estableciendo prioridades acerca de qué cosas son importantes y en qué momento deben ser realizadas.
Es importante que una vez que se haya diagnosticado y elegido los pasos a seguir, el tratamiento sea iniciado cuanto antes, lo cual ayudará a que los resultados favorables no se dilaten en el tiempo.
La hiperactividad puede ser detectada en bebés o niños a partir de los 2 años, ya que los mismos tienen conflictos a la hora de continuar con las actividades que están realizando. Un ejemplo muy común, suele darse cuando se les brindan juegos, como pueden ser los rompecabezas, y comienzan intentando descifrar lógicamente las piezas cómo deben ir ordenadas, pero en determinado momento del juego, comienzan a revolear los fragmentos y se pierde el momento de distracción y ocio del niño.
Suelen generarse momentos de mucha frustración e insatisfacción, y esto viene aparejado con los inconvenientes que poseen las criaturas a la hora de poner foco y dirigir su atención hacia determinadas cuestiones.
La educación puede convertirse en un verdadero asedio porque al no poder fijar y posicionar al niño frente a ciertas acciones educativas, se pierden no sólo las posibilidades de aprehensión de cuestiones escolares, sino que también comienza un proceso de no aceptación de normas y reglas de parte del chico, lo cual puede generar procesos de rupturas con respecto a la inserción social.
Aquí radica la importancia de poder recurrir a profesionales en el área, porque un niño hiperactivo puede atentar contra sí mismo, y obstaculizarse su desarrollo como una persona normal.
La presencia de los padres se transforma en el hilo conductor de los niños hacia una vida más tranquila y saludable. Ante cualquier síntoma, es importante que los padres consulten directamente con psicólogos, psicopedagogos, o incluso psiquiatras, ya que de esta forma facilitarán y allanarán el camino para que los niños puedan encontrar respuestas a estímulos que el cuerpo y la psiquis envían, logrando que puedan evacuarse las tensiones que genera la hiperactividad.
La demanda de movimientos que tienen los chicos que padecen dicho trastorno, debe ser llevada a cabo mediante actividades lúdicas y deportivas que ayuden, no sólo a gastar energías, sino también a la aceptación de normas y reglas.
El siguiente es el detalle de los indicadores de hiperactividad según la edad del niño:
eDe 0 a 2 años. Descargas clónicas durante el sueño, problemas en el ritmo del sueño y durante la comida, períodos cortos de sueño y despertar sobresaltado, resistencia a los cuidados habituales, reactividad elevada a los estímulos auditivos e irritabilidad.
eDe 2 a 3 años. Inmadurez en el lenguaje expresivo, actividad motora excesiva, escasa conciencia de peligro y propensión a sufrir numerosos accidentes.
eDe 4 a 5 años. Problemas de adaptación social, desobediencia y dificultades en el seguimiento de normas.
eA partir de 6 años. Impulsividad, déficit de atención, fracaso escolar, comportamientos antisociales y problemas de adaptación social.