Muchas personas comentan que los chicos de hoy se aburren todo el tiempo y con cualquier cosa: los chicos de hoy, lamentablemente, no saben aprovechar su imaginación y creatividad y a partir de allí inventar juegos y no aburrirse.
Los llenamos de aparatos con luces y sonidos desde que nacen, entonces les coartamos la posibilidad de que dos rollos de cartón de papel higiénico se conviertan en unos perfectos binoculares. Nosotros, sí, nosotros con las mejores intenciones sin dudas.
Los espacios seguros, libres y naturales, son el entorno normal en el que los niños deberían desarrollarse, crecer y aprender.
Están los parques, pero en la Ciudad de Buenos Aires ya casi todos enrejados, la configuración de los espacios urbanos es casi enemiga de los niños. Los niños de esta época ganaron tecnología, son más “rápidos” que nosotros, pero perdieron libertad.
Aquella libertad que nos permitía ir en bici a explorar lo que para nosotros eran otros mundos; chapotear en los charcos, juntar hojas de los árboles, jugar al “Poliladron”, al “Ring raje”.
Esos juegos que nos hacían quemar energías, y llegada la noche lo único que queríamos era dormir, por eso éramos más obedientes, no por sumisos, porque no teníamos tiempo, porque estar entremedio de los grandes era muy aburrido.
Al jugar libremente, es importante poder moverse con libertad, sin miedo a mancharse o romperse la ropa: Saltar, inventar aventuras, aprender de la experiencia. Ensuciarse, por otra parte, es signo de un aprendizaje sensorial que no lo brinda ningún libro ni maestro.
Dejémosles hacer lo que su naturaleza les pide, exige, reclama. Jugar, correr, pisar el césped, saltar, explorar, trepar a los árboles, cazar renacuajos, modelar el barro, cocinar hojitas, hacer guisos de espuma, viajar en caballito de madera por el mundo, así seguramente habrá chicos menos aburridos, menos computarizados, menos televisivos, más felices.
Verlos jugar libremente, reírse, divertirse, poner a prueba su imaginación o su creatividad permanente, saliendo airosos del aburrimiento, los niños nos enseñan que su tiempo libre es oro.
Los padres, culpa de los extensos horarios laborales, llegan cansados y no pueden ofrecerles a los chicos un espacio para jugar con mayor libertad. Ir al campo, por ejemplo.
Equilibrar los tiempos
Muchos niños de hoy no tienen tiempo de jugar porque no tienen ni siquiera un momento de quietud y soledad. La soledad, tan importante también para ellos, para desarrollar su creatividad.
¿Y la vieja calle?
Las calles ya no son espacios para jugar, tantos autos y violencia generalizada han borrado a los niños de las calles, a las pistas de autitos dibujadas en el asfalto y a los triciclos.