21 de octubre 2026 - 19:17
Menopausia: nuevas pautas recomiendan la terapia hormonal para aliviar los síntomas

El Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos reforzó el uso de hormonas para aliviar los sofocos, los sudores nocturnos y los problemas de sueño, aunque advirtió que es necesario evaluar los riesgos de cada paciente.

La terapia hormonal gana respaldo para tratar los síntomas de la menopausia.

El Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) publicó nuevas recomendaciones para tratar los síntomas de la menopausia y respaldó con firmeza la terapia hormonal para muchas pacientes, a través de una guía que da cuenta que los beneficios superan los riesgos en mujeres con sofocos, sudores nocturnos y problemas de sueño, siempre que no tengan contraindicaciones médicas.

La actualización representa un cambio en el enfoque del tratamiento, ya que propone priorizar las necesidades de cada paciente en lugar de limitar la terapia a una dosis mínima durante el menor tiempo posible. Las recomendaciones también coinciden con las publicadas recientemente por el Colegio Estadounidense de Médicos, que respaldó el uso de hormonas como primera opción para aliviar los síntomas vasomotores.

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La nueva guía establece que la decisión debe tomarse de manera individual, a partir de una conversación entre la paciente y su médico. La edad, los antecedentes clínicos, el riesgo cardiovascular y la posibilidad de desarrollar cáncer de mama son algunos de los factores que deben evaluarse antes de comenzar el tratamiento.

Cuándo se recomienda la terapia hormonal y cuáles son los riesgos

El ACOG recomienda, en general, iniciar la terapia hormonal antes de los 60 años o dentro de los 10 años posteriores al comienzo de la menopausia, siempre que no existan contraindicaciones, sin embargo, las nuevas pautas aclaran que algunas pacientes pueden necesitar continuar el tratamiento después de esa edad para controlar síntomas persistentes, con una evaluación periódica de sus riesgos y beneficios.

El respaldo llega después de años de cautela en torno a estos medicamentos. A comienzos de la década de 2000, el uso de hormonas cayó con fuerza tras los resultados de la Women’s Health Initiative (WHI), un estudio que detectó un aumento de ciertos riesgos, entre ellos el cáncer de mama y algunos problemas cardiovasculares, con determinadas formulaciones. Desde entonces, el tratamiento recuperó parte de su popularidad, pero todavía lo utiliza una minoría de mujeres.

De todos modos, la terapia hormonal no es adecuada para todas las pacientes. Quienes tienen antecedentes de coágulos sanguíneos, accidentes cerebrovasculares o determinados tipos de cáncer pueden necesitar evitarla o analizar alternativas con especialistas. El riesgo no es igual para todas las personas y también depende del tipo de hormona, la forma de administración y los antecedentes médicos.

En ese sentido, la guía señala que las formulaciones pueden influir en la seguridad del tratamiento. Por ejemplo, los parches de estrógeno podrían ser una alternativa con menor riesgo de coágulos que las pastillas para algunas pacientes, aunque la elección debe definirse según cada caso y con asesoramiento médico.

Para quienes no pueden o no quieren tomar hormonas, el ACOG recomienda alternativas farmacológicas. Entre ellas se encuentran los antidepresivos de las familias ISRS e IRSN, que pueden ayudar a reducir los sofocos, y los antagonistas de los receptores de neuroquinina, una clase de medicamentos que actúa sobre mecanismos cerebrales relacionados con estos síntomas.

La guía también contempla opciones no farmacológicas, aunque la evidencia disponible varía según la intervención. La terapia cognitivo-conductual, las prácticas de atención plena, el ejercicio físico y la hipnosis clínica pueden ayudar con algunos síntomas, especialmente los problemas de sueño y los cambios en el estado de ánimo. La acupuntura también aparece entre las alternativas posibles, pero con evidencia de menor calidad.

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Qué síntomas contempla la nueva guía

Las recomendaciones se concentran en los sofocos, los sudores nocturnos y las alteraciones del sueño relacionadas con la menopausia. También analizan los cambios de humor, aunque el organismo considera insuficiente la evidencia para recomendar a favor o en contra de la terapia hormonal como tratamiento específico para ese problema.

La guía no aborda todos los síntomas que pueden aparecer durante esta etapa. Entre los que quedan fuera se encuentra el síndrome genitourinario de la menopausia, que puede incluir sequedad vaginal y molestias urinarias. En esos casos, los médicos pueden indicar estrógeno vaginal, cuyo efecto es más localizado, especialmente cuando no hay otros síntomas que justifiquen una terapia hormonal sistémica.

Otro punto central es que las hormonas no se recomiendan para prevenir enfermedades cardíacas ni el deterioro cognitivo en personas sin síntomas menopáusicos. El objetivo de las nuevas pautas es tratar manifestaciones concretas que afectan la calidad de vida, no utilizar estos medicamentos como estrategia general de prevención de enfermedades crónicas.

Las especialistas consultadas valoraron que las recomendaciones promuevan una conversación más abierta sobre la menopausia y las opciones disponibles. Aun así, advirtieron que evaluar los riesgos requiere algo más que una fórmula general: la indicación debe considerar el historial médico y las preferencias de cada paciente, con controles periódicos para revisar si el tratamiento sigue siendo apropiado.