Cuando alguien se siente perseguido o discriminado en el lugar de trabajo, ya sea por parte de un jefe, un par o hasta un subordinado, puede estar ante un caso de moobing, grave forma de acoso en el ámbito laboral.
Cuando alguien se siente perseguido o discriminado en el lugar de trabajo, ya sea por parte de un jefe, un par o hasta un subordinado, puede estar ante un caso de moobing, grave forma de acoso en el ámbito laboral.
Quien lo padece suele manifestar malestares psíquicos, como angustia y ansiedad, lo que puede impactar en el plano ísico alterando la salud y la calidad de vida de manera alarmante.
“Es una forma de acoso laboral o moral en el trabajo, una forma de violencia discriminatoria hacia una persona en forma sistemática durante un largo período de tiempo”, explicó la licenciada en Psicología Sandra Vicario (M.N 27.052).
¿Cuál es el factor para determinar si se está ante una situación de moobing? Para la profesional, es justamente violencia recurrente y sostenida en un tiempo que supere los seis meses”.
Asimismo, aclaró que la violencia puede ser directa o indirecta y que el acoso puede afectar a cualquier nivel de jerarquía dentro de la organización, es decir, de manera horizontal, ascendente o descendente: “Cualquier miembro de la organización puede convertirse en acosador o acosado”, sostuvo.
El moobing puede tener manifestaciones como insultos o descalificaciones delante de otras personas, asignación de objetivos o proyectos con plazos imposibles de cumplir, sobrecarga de trabajo o quita de responsabilidades o cambiar a la víctima de sector obligándolo a tareas rutinarias que terminan por aburrirlo y llevarlo a renunciar.
También existen otras clases de acoso, como difamaciones, trabar el desarrollo profesional, manipular para que quien lo padece caiga en un error, ridiculizar su trabajo, bloquearle ascensos, invadir su privacidad o animando a los compañeros para que le hagan un “vacío”.
“Existe un perfil de esta dupla víctima - acosador. Las primeras, por lo general, suelen ser personas muy capaces, creativas, con elevada ética, honrados y con alto sentido de la Justicia. También individuos de gran vulnerabilidad, como discapacitados o inmigrantes”, explicó Vicario.
Con respecto al victimario, “suele tratarse de alguien mediocre, con miedo por su propia inseguridad por lo que siente necesidad de descalificar a lo que él considera peligroso.
También puede ser un individuo con algún tipo de trastorno de la personalidad”, aclaró. Según algunas estadísticas, en la Argentina, el moobing es más dirigido hacia las mujeres, quienes son más vulnerables debido a los rasgos machistas aún bastante acentuados en la sociedad, pero en los países del primer mundo se da en forma similar para ambos sexos.
Las consecuencias psicológicas de una víctima de moobing pueden ir de leves a fatales. Según la psicóloga, “primero va perdiendo confianza en sus propias capacidades comenzando un proceso de desvalorización.
Luego, en el transcurso del tiempo y por la asiduidad de la violencia, comienzan las somatizaciones del conflicto reflejándose en enfermedades físicas”. Es por estas causas que pueden aparecer ansiedad, estrés, irritabilidad, alteraciones en el sueño, cansancio extremo y dificultad en la toma de decisiones. “Esta situación suele llegar al ámbito familiar y traducirse en aislamiento social, pues el problema laboral termina por convertirse en una obsesión”, apuntó la licenciada Vicario.
Por otra parte, distinguió entre acoso y estrés laboral, ya que en este último, “el factor estresante es la naturaleza propia del trabajo”.
En la actualidad, el moobing es contemplado en los códigos procesales de algunas provincias argentinas, pero aún no existe una ley nacional que lo regule y lo sancione, por lo que las víctimas suelen sentirse desprotegidas sin saber dónde recurrir cuando lo padecen y, por lo general, terminan renunciando o costeándose algún tipo de tratamiento psicológico que las ayude.
Tips:
Una forma común de moobing es lanzar rumores contra la víctima o, simplemente, ridiculizarla. También burlarse de sus minusvalías, asignarle trabajos humillantes, prohibirles a sus compañeros que le hablen o exigirle trabajos peligrosos.
El acoso sexual se encuadra dentro del moobing ya que se produce en el lugar de trabajo, pero se diferencia de éste en el hecho de que se trata de insinuaciones sexuales dirigidas siempre desde un cargo de mayor jerarquía hacia uno menor.
¿Afecta la salud?
Los síntomas físicos que padecen las víctimas abarcan taquicardia, contracturas, inhibición del sistema inmunológico o hipertensión. A nivel cognitivo suele aparecer preocupación extrema que lleva a serias dificultades en la toma de decisiones.
No es bueno enviudar
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el acoso sexual es más padecido por las viudas, separadas o divorciadas que trabajan en empleos predominantemente masculinos o que recién ingresan al mercado laboral.
¿Qué hacemos?
Es fundamental no sólo manifestar el límite ante los superiores sino también denunciar el acoso de los jefes o de un superior. Si es el mismo superior quien acosa, debe buscarse ayuda legal, denunciando directamente en el juzgado correspondiente.
El acoso se facilita de acuerdo a las jerarquías
El acoso sexual se facilita siempre en una relación asimétrica de jerarquías, es decir que en ámbitos laborales emerge desde un jefe hasta un subordinado, dice a DOMINGO VIDA, la licenciada Sandra Vicario (M.N. 27.052).
Se trata de una forma de persecución y discriminación, que atenta contra la dignidad y la libertad de la víctima y puede revestir diferentes formas: gestos, acercamientos, lo verbal, tocamientos, etc. Es algo no deseado y, por el contrario, rechazado por la persona a quien se dirige.
Este tipo de acoso es por lo general padecido mayoritariamente por mujeres con perfil definido. Por ejemplo, aquellas a las que les cuesta poner límites y ante las primeras insinuaciones se callan. También el acosador tiene características determinadas: alguien sin escrúpulos, altamente manipulador y, obviamente, un cargo de jerarquía dentro de la empresa. Cuando las conductas de acoso sexual se convierten en sistemáticas la persona acosada suele manifestar una serie de síntomas psíquicos que, tarde o temprano, repercutirán en el área física debido a la elevada cuota de estrés.
Estas situaciones son difíciles de sobrellevar y la mayoría de las víctimas terminan renunciando a su empleo. Sin embargo, cuando no pueden hacerlo por, por ejemplo, ser sostén de familia, el costo psicofísico suele ser significativo. Además, el acoso sexual es también moral y casi siempre deriva en tratamiento psicológico para quien fue afectado.
Lamentablemente, la Argentina no tiene aún una ley nacional que regule este problema, aunque algunos casos graves pueden configurar un delito penal. Por estas razones, este tipo de conductas persecutorias no pueden ni deben ser ocultadas, por lo que es fundamental que las víctimas denuncien porque el costo psíquico puede ser verdaderamente devastador.