Es posible que al pensar en adicciones nos inclinemos a definir solo aquellas que tienen relación con el juego, las drogas, el alcohol, el cigarrillo, hasta los calmantes y la tendencia a la automedicación excesiva.
Creer que la felicidad depende de una persona, hace que uno se aferre a una clase de amor que lo vuelve posesivo, celoso y dominante. Esto no es nada sano.
Tales sentimientos provienen de una baja autoestima, de pensar que puedes ser abandonado o despreciado por tu pareja. La desconfianza, el apego y la dependencia también son síntomas enfermizos que cooperan con la inseguridad de la persona y son nocivos para la relación.
Esos afectos cooperan con la salud mental de hombres y mujeres, porque apuntan a una mejor condición y calidad de vida.
La salud mental de la pareja no depende de condiciones materiales como por ejemplo, el nivel cultural o económico sino de la fuente de ideas espirituales que la sostienen, como el cariño, respeto, confianza mutua, factores que nutren y alimentan una buena relación.La reformadora religiosa del Siglo XIX, Mary Baker Eddy, habiendo experimentado la soledad y el abandono de sus seres más queridos, comprendió que la naturaleza del amor es pura e invariable, nunca cambia.
Así como en la ciencia de la música, las notas bien combinadas son las que producen consonancia, el ser de cada uno puede y está capacitado para expresar las buenas cualidades que producen esa misma armonía.
Eddy lo expresa de esta manera: "Los tonos de la mente humana pueden ser diferentes, pero tienen que concordar para combinarse debidamente.
La ambición libre de egoísmo, los nobles motivos de vida y la pureza, estos componentes del pensamiento, al mezclarse, constituyen individual y colectivamente la felicidad verdadera, la fuerza y la permanencia".
Cuando la balanza se inclina hacia el lado del amor genuino, no hay lugar para la desconfianza, duda, celos o el temor a ser abandonados o rechazados.¿Estás preparado para amar genuinamente y también para que esa atracción verdadera permanezca a través de los años?
Ese amor sincero permite a la pareja respirar libremente, no invadiendo el vínculo sino disfrutando de cada espacio, de momentos gratos y de plena confianza.
Como resultado, vas a encontrar la felicidad todos los días, porque más que pensar en una adicción o dependencia obsesiva en tu relación, pensarás en términos de libertad, diálogo, horas amenas compartidas y una amplia generosidad.