04 de octubre 2015 - 00:00
Síndrome de Peter Pan: los que quieren tener una infancia eterna
Los hombres Peter Pan son aquellos que se han quedado anclados en su infancia, tienen miedo a crecer y aceptar los roles que les corresponden por su edad, lo que lastra su desarrollo personal y dificulta sus relaciones. Y no sólo su vida sino las de sus familiares se ven alteradas.
sindrome de peter pan: los que quieren tener una infancia eterna

El síndrome de Peter Pan puede ser consecuencia de múltiples factores (rasgos de personalidad, estilo de afrontamiento de los problemas, etcétera). De todos ellos, el más importante tiene que ver con la infancia; una infancia excesivamente feliz que el paciente puede llegar a idealizar, o bien, una infancia completamente infeliz, carente de afecto. En el primero de los casos, el síndrome busca inmortalizar esos momentos viviendo en una infancia constante, mientras que en el segundo la función del síndrome es recuperar el tiempo perdido, dice la psicóloga española Vanesa Fernández López.

Por otro lado, la mayoría de los estudios sostienen que este síndrome es frecuente en casos en los que no ha existido un aporte afectivo estable, la educación ha sido demasiado permisiva o ha existido déficit escolar.

Finalmente, existen rasgos de personalidad como la tendencia a la evitación o la dependencia emocional que están íntimamente ligados con este síndrome, no tanto en su origen como sí en su mantenimiento.

Prevención
Para que un niño sea feliz, al igual que un adulto, debe verse resolviendo problemas. Afrontando retos. Debido a que la primera causa del síndrome de Peter Pan reside en el estilo educativo recibido en la infancia, los adultos que rodean al niño, especialmente los padres, son los principales agentes preventivos de este problema.

En este sentido, no se debe hacer de la vida real de un niño el escenario de "Nunca Jamás". Los niños deben también aprender a asumir responsabilidades ajustadas a su edad. Muchos padres evitan esto pensando que su hijo será más feliz si la vida le resulta más cómoda. Para que un niño sea feliz, al igual que un adulto, debe verse resolviendo problemas. Haciéndole frente a desafíos cada vez más complejos.

Por otro lado, un estilo educativo hostil, rígido y con carencias afectivas importantes también podría predisponer al padecimiento del síndrome. Por lo tanto, el éxito de su prevención reside en educar a los más pequeños de una manera en la que el amor incondicional se combine con unas pautas de conducta firmes y bien establecidas, que permitan la aceptación de responsabilidades propias de la edad de crecimiento del niño.

Cómo se diagnostica
El síndrome de Peter Pan carece de entidad diagnóstica en los principales manuales diagnósticos, sin embargo, este hecho no quiere decir que no exista y que no tenga implicaciones clínicas. Por ello, aunque sin hablar de criterios diagnósticos, si podemos hablar de una serie de comportamientos que, en caso de presentarse, sugieren la existencia de este síndrome:

eIntenso deseo y necesidad de ser cuidado por otras personas que él considera "más fuertes".

eIncapacidad de comprometerse y de cumplir promesas.

eIncapacidad para asumir sus propias responsabilidades. Prefiere que lo hagan otros. Por eso, busca a otra persona que asuma el papel de su "padre"/"madre".

eQuejas y críticas constantes acompañadas a su vez por la incapacidad de proporcionar afecto a otras personas.

eTendencia al egoísmo; siente que todo debe girar en torno a él y se ofende cuando esto no ocurre.

eDependencia especialmente emocional, aunque también es frecuente que exista dependencia económica.

eSu comportamiento es negativista o rebelde.

eFalta de empatía: este hecho le dificulta las relaciones sociales y le puede llevar a aislarse socialmente, lo que contrasta con un elevado miedo a quedarse solos.

eBaja autoestima lo que les produce una bajísima tolerancia a la frustración.

eRasgos de personalidad narcisistas.

eSuelen sentirse insatisfechos con sus logros, pero no hacen nada para mejorar su situación.

eVerbalizan no querer envejecer, pudiendo idealizar su juventud.