Además, consideró que debe "revisarse" la recomendación a las personas con hipertensión de consumir aguas de menos de 20 miligramos por litro de sodio. Asimismo, el médico sostuvo que en algunos casos las aguas con niveles superiores de sodio poseen, entre otros minerales, bicarbonato y potasio, que contribuyen a controlar la presión arterial.
Para Iglesias, restricciones en el consumo de agua pueden llevar a la gente a beber gaseosas e infusiones azucaradas, que pueden acarrear serios perjuicios para la salud.
"Beber agua no representa un riesgo cierto en cuanto a la ingesta de sodio. Al momento de hidratarnos debemos prestar mayor atención al exceso de calorías proveniente de bebidas e infusiones azucaradas, que acarrea otros problemas de salud igualmente preocupantes como exceso de peso, entre otros", enfatizó.
Por otro lado, Iglesias puso énfasis en la "estrecha relación" del consumo de sal en la hipertensión arterial, un factor de riesgo que persiste en un tercio de la población argentina mayor de 18 años.
La presión arterial elevada explica el 62 por ciento de la enfermedad cerebrovascular y el 49 por ciento de la enfermedad coronaria.