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08 de septiembre 2026 - 09:54
Enterraron más de 2.000 calzoncillos en Suiza para medir la salud de los suelos

Un experimento de la Universidad de Zúrich utilizó ropa interior de algodón para analizar la actividad biológica y la fertilidad de distintos tipos de suelo.

Más de 2.000 calzoncillos fueron enterrados en distintos puntos de Suiza como parte de un curioso experimento científico impulsado por la Universidad de Zúrich.

La iniciativa contó con la participación de unos 1.000 voluntarios, quienes enterraron una prenda de algodón cada uno con el objetivo de ayudar a los investigadores a conocer mejor la actividad de los organismos que habitan en el suelo.

¿Para qué enterraron los calzoncillos?

El experimento buscó analizar el funcionamiento de los ecosistemas del suelo y obtener información sobre su actividad biológica.

La Universidad de Zúrich llevó adelante el proyecto de ciencia ciudadana “Prueba con calzoncillos” junto con el centro federal suizo de investigación agrícola Agroscope. La propuesta buscó, además de generar datos científicos, llamar la atención de la población sobre la importancia de conservar suelos saludables.

Siguiendo un procedimiento establecido, los 1.000 participantes enterraron más de 2.000 prendas de algodón y unas 12.000 bolsitas de té en alrededor de 1.000 sitios distribuidos por Suiza.

Después de dos meses, los voluntarios desenterraron las prendas, las fotografiaron y las enviaron a los laboratorios junto con muestras de tierra para su posterior análisis.

¿Qué reveló el experimento?

El estado en el que quedaron los calzoncillos permitió observar diferencias importantes en la actividad biológica de cada suelo. Las prendas se degradaron a velocidades muy distintas dependiendo del lugar donde fueron enterradas.

La velocidad de descomposición funcionó como un indicador de la actividad de los organismos presentes en la tierra: cuanto mayor es su actividad, más rápidamente se degrada el algodón.

Los mayores niveles de descomposición se registraron en jardines privados, donde también se encontraron las concentraciones más elevadas de materia orgánica. Estas condiciones favorecen la presencia de lombrices, hongos, bacterias y otros organismos.

En los céspedes, en cambio, la actividad biológica fue menor, mientras que los campos agrícolas y los prados mostraron valores intermedios.

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Una degradación rápida de las prendas suele asociarse con suelos fértiles y con una buena disponibilidad de nutrientes.

“Nuestros resultados demuestran que la forma en que se gestiona el suelo puede afectar significativamente tanto a la vida microbiana como a la calidad del suelo”, explicó Marcel van der Heijden, profesor de agroecología de la Universidad de Zúrich y codirector del estudio.

Aunque enterrar ropa interior de algodón fue una manera llamativa de generar conciencia sobre la importancia de preservar los suelos, el método también permitió identificar de forma sencilla las diferencias en la actividad biológica y la fertilidad de distintas zonas.

A partir de los resultados, los científicos plantearon el denominado “índice de ropa interior”, una herramienta sencilla pensada para explicar los procesos que ocurren en el suelo y promover una mayor conciencia sobre la necesidad de proteger estos ecosistemas.