Respecto del contexto histórico en el cual se desarrolla la acción, el director rememora y, en relación a la obra, aporta una mirada desde el presente. "Recuerdo haber visto impactado un escrache a la casa de un diputado, en San Juan. La gente tirando piedras, huevos, rompiéndole todo, y yo andando en bicicleta, viendo eso que veía por la TV. Era un niño y todo eso me parecía muy tremendo. Es distinta la lectura que puedo hacer hoy, pero en la obra me interesaba pensar desde ese imaginario, desde ese impacto", cuenta primero el realizador, y luego agrega: "La crisis de 2001 es también un fenómeno fronterizo. Por un lado tiene una gran fuerza transformadora, se trata de una emergencia popular muy digna; al menos desde mi perspectiva histórico-biográfica. Por otro lado, fue un proceso rápidamente absorbido, fagocitado por el interés individualista propio de la clase media argentina. Esa fricción me interesa. En la obra, los personajes miran la crisis por TV, sus salidas son forzosas, jamás buscadas. Los "negros", las gomas, el coreano que llora en la puerta del supermercado mientras la gente saquea con desesperación. Son imágenes. No dudo que lo que queden sean más que imágenes (como de todo)".