¿Qué de todo ello encontrás en Solamente Vos y en la experiencia de volver a trabajar al lado de Adrián Suar?
-Muchas cosas. Desde la película (Dos Más Dos) nunca habíamos trabajado juntos, si bien nos conocíamos. Trabajar con Adrián es como muy fácil, hubo buena química. Es un tipo que te hace sentir cómodo. Al principio uno podía estar un poco tenso, con cierta inhibición porque es Adrián y qué sé yo, pero enseguida eso se va. Es muy generoso. Y luego, sentí que todo estaba en su lugar y había una onda genial. Con algunos ya había trabajado como con Adrián en la película y con Peto (Menahem) y Muriel (Santana) en Todos Felices, en el teatro. Es un elenco de actores muy potentes, nos reímos mucho, tanto que a veces hay que parar las escenas. Nos ceñimos al libro porque la verdad es de lujo. La estructura es genial, pero a la escena la hacemos nuestra y a veces improvisamos. Volver a trabajar en Pol-ka está buenísimo.
-¿Cuánto pesa para vos, que provenís de espacios más relajados y sin tanta presión, el tema de la competencia y la exigencia del rating? ¿Lo vivís como algo muy ajeno al trabajo específico del actor?
-Yo me fijo en el rating, pero no comparativamente con nadie. Como cuando hago teatro y digo: "¿Che, cuántas se vendieron?", porque en definitiva son una medida del público. Estamos concentrados en los libros, en la actuación, en los vínculos. Lo demás, si bien es importante, por lo menos para mí, no es sustancial. Yo estoy involucrado en otras cosas. No estamos pensando en qué va a pasar o no. Obviamente que siempre quisimos que al programa le vaya bien, pero no tuvimos ninguna presión de ningún tipo.
Minujín subraya la respuesta de la gente con Solamente Vos y se complace en la buena adhesión al culebrón. "Lo que pasa en la calle es muy bueno y lo disfrutamos en equipo. Estamos felices. Todos ya estábamos contentos con el producto desde antes de que saliera al aire, así que esto no hace más que sumar satisfacción a lo que ya veníamos sintiendo", sustenta.
Perfil íntimo de un actor "familiero"
De perfil bajo, hablar pausado, nada frívolo, Juan se muestra, por momentos, muy diferente al resto de sus colegas. Elige la tranquilidad de su espacio íntimo y familiar, a las luces tantas veces enceguecedoras de los flashes. "La verdad es que el ratito que tengo libre me gusta estar en casa con mis hijas y mi mujer que salir a un lugar de exposición. Además hay que estudiar un montón de escenas", se ríe. "Yo busco referencias para actuar el personaje, como en este caso, que a partir del libro, me basé en un par de personajes. Y para eso tenés que estar tranqui y buscar en vos. Ahora estoy escribiendo cosas para volver a filmar", remata el hombre que comprende con sabiduría su profesión.
Vaquero: una mirada al mundo de la publicidad
"Conozco mucho el ambiente de los castings, los actores y la publicidad". Con los fundamentos que Vaquero, su propia película, disparó, Juan Minujín reconoce la vanidad del actor y su triste peregrinar por una interminable sucesión de castings, donde no siempre se selecciona al de mayor talento y preparación. El, de la perseverancia del mundo artístico, sabe mucho. "Lo que cuenta la película no es algo que me pasó puntualmente", subraya este intérprete respecto a su ópera prima en la que encara a un actor muy neurótico que está enojado consigo mismo y algo asqueado del ambiente laboral.
"Pero sí hay un montón de cuestiones que tienen que ver con mi pensamiento, con mi mirada sobre el ambiente del teatro, el cine, la televisión, los comerciales y el mundo de los actores. Es un lugar que conozco mucho; el de los castings, los actores, la publicidad", dice Minujín. "
Yo canto, me gusta mucho la música, bailo, soy músico. Soy un actor que canta y que baila, no soy cantante. Todo eso te puede servir para dar un montón de pruebas o encajar con la propuesta indicada, pero no siempre sirve a nivel general. A mí me sirve, sirve para uno, no sé si se contempla todo eso en un casting", señala quien también se destacó recientemente en la pantalla gigante con el thriller Ni Un Hombre Más junto a Valeria Bertuccelli y Martín Piroyansky. "De todas maneras, lo que planteo en la peli es con cariño. Yo me río un poco del patetismo que a veces tienen los actores y también de la fantasía que aparece de desear el éxito del otro. De eso de compararte y hasta querer ser otro".