Carlos Bossio fue uno de los que pudo trascender pese al bullying de su propia hinchada. Desde la cabecera local le arrojaron una bomba que explotó cerca y el año en que fue campeón la reprobación a su figura era tan elocuente como el aliento al resto del equipo: Chiquito festejó un gol desafiando a la tribuna. Acaso en 2007, se dio la extraña ambigüedad de un equipo campeón con su arquero hostigado.
Kely Carboni estuvo cerca de que le pasara lo mismo que a Fritzler, pero 18 años atrás. El equipo de Mario Gómez no tenía un buen andar y el clima estaba espeso con el entrenador. A la salida del vestuario, el mediocampista fue el primero en salir y ante la primera pregunta respondió que él era indiferente a los insultos que llegaban desde las tribunas y, justo al terminar de sentar su posición, lo empujaron y replicaron en la cara las puteadas que minutos antes bajaban del paravalanchas...
Los nervios de los hinchas no apuntan únicamente a los propios: la susceptibilidad en La Fortaleza parece exagerada y cualquiera que tenga la osadía de no alabar al equipo o hacer un comentario "fuera de lugar" paga las consecuencias. Si no, pregúntenle al
Conejo Tarantini, quien en su intento por ser periodista deportivo en Fútbol Para Todos, fue golpeado por un hincha del Grana.