Tapia, en el desbande, se ocupó de la Selección. Fue el hombre que puso la cara, que acompañó a la delegación en Estados Unidos y quien, en viajes previos,
estuvo con el Tata eligiendo hoteles y campos de entrenamiento. Por eso, tomó la postura de poner la cara en el medio del vacío institucional. No sirvió. No alcanzó. Martino no da más.
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El ciclo de Martino en la Selección comenzó en agosto del 2014. Julio Grondona, antes de morirse, había dejado un mensaje claro: que el Tata sea el sucesor de Alejandro Sabella, después del segundo lugar en la Copa del Mundo. Una vez fallecido Grondona, con
Luis Segura en el poder, el deseo se hizo realidad. Martino comandó durante 29 partidos al seleccionado nacional. Los números, a grandes rasgos, fueron buenos: 19 triunfos, siete empates y tres derrotas. En el medio, dos finales de Copa América consecutivas, y está en la tercera posición de las Eliminatorias a Rusia 2018.
La Selección está en un momento oscuro. Sin Lionel Messi, la renuncia de Martino le abre las puertas a otra camada de futbolistas que tienen la idea de la deserción en la cabeza. ¿Qué pasará?