Otra vez un grupo excluye al otro para tomar las principales decisiones. La idea es nombrar autoridades transitorias para sentarse en la mesa de negociaciones con los empresarios televisivos para cerrar un contrato superador al de
Fútbol Para Todos, con vigencia hasta 2019 pero con los días contados.
Ni siquiera hay un acuerdo de modelo entre los principales impulsores: Boca juega su propio partido y no acuerda con el resto de los grandes. La inclusión de las sociedades anónimas los pone de un lado y del otro de la discusión.
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Las 25 entidades restantes en su mayoría
tampoco apoyan al Xeneize, pero tienen una batalla que tampoco los acerca a los grandes: el reparto del dinero. Al cabo de este torneo ya no serán 30 sino 28 -cuatro pierden la categoría y suben dos-, los equipos que queden en Primera y a la hora de tomar decisiones, muchos dirigentes no saben si pensar con la perspectiva de la élite o de la segunda división.
En tanto, sin ser convidados a las reuniones, un grupo de dirigentes del Ascenso planea hacer una
presentación formal ante la Inspección General de Justicia con los argumentos valederos para que la asamblea de diciembre -en la que se aprobó la
Superliga-, quede sin efecto.
Los mismos argumentos viajarán a Zurich. En estos términos, la división entre Primera y Segunda es tirante y solamente los une un frente en común a combatir: el comité normalizador.