El gol, que marcaba una tendencia en la búsqueda del pasaje a la final y eliminaba la posibilidad de una definición por penales, intensificó las hostilidades y configuró un escenario diferente, que se acentuaría en el complemento. Boca tomó la iniciativa, mientras River se retrasó unos metros para apostar al contragolpe. En ese pasaje tuvo chances claras en sendos cabezazos de Jonathan Calleri y Emmanuel Gigliotti que se fueron cerca.
En el medio, una polémica sacudió la noche: el árbitro Germán Delfino, a instancias de su asistente Iván Núñez
, le anuló un gol legítimo a Gigliotti. Y el tramo final de la primera parte dio margen para una
remake fragmentada de la ida: Rojas, a lo Vangioni,
cruzó fuerte a Fernando Gago y lo sacó de la cancha.
Delfino ni siquiera amonestó. La tesitura no se modificó en el complemento. River explotó los espacios que abrió la desesperada búsqueda de Boca por el empate y tuvo varias ocasiones para rematar la historia con anticipación, aunque careció de justeza para definir. Boca fue puro nervio y no tuvo ideas para quebrar a la defensa local, a punto tal que
no dispuso de ninguna chance clara para revertir su suerte. Sobre el cierre, la expulsión del "Cata" Díaz por un patadón de caliente a Teo Gutiérrez graficó la impotencia del elenco visitante.
Barovero y Pisculichi se robaron todos los flashes, pero la victoria de River tuvo dos obreros silenciosos que jugaron un rol decisivo a la hora de sostener la ventaja: Germán Pezzella y Leonardo Ponzio, vitales para contener la avanzada de Boca.
River se dio el gustazo y le dio sentido a la apuesta de Gallardo, que el último domingo
le sirvió la punta a Racing con su discutida decisión de incluir una formación juvenil. El equipo recuperó las energías y les regaló a sus hinchas la gran alegría del año.