En esa ocasión el períto Locles, "con la supuesta finalidad de explicar su teoría (que el proyectil habría rebotado previo a herir al occiso), golpeándolo reiterada y continuamente contra la mesa de trabajo existente en el gabinete" lo que provocó "leves aplastamientos en la parte de su ojiva y el cuerpo, más específicamente, donde se hallaban las deformaciones lineales y paralelas que presentaba el proyectil".
Por el intento de destrucción de prueba, Locles fue procesado en una resolución que el año anterior fue confirmada por la Cámara del Crimen con la firma de los magistrados Alfredo Barbarosch y Luis Bunge Campos.