La medida se tomó después de que la Justicia aceptara un amparo presentado por una heredera de la bóveda familiar. El gobierno porteño también informó una deuda millonaria por mantenimiento y reparaciones del espacio.
La medida se tomó después de que la Justicia aceptara un amparo presentado por una heredera de la bóveda familiar. El gobierno porteño también informó una deuda millonaria por mantenimiento y reparaciones del espacio.
La polémica por el destino de una antigua bóveda del Cementerio de la Recoleta terminó, por ahora, con la cancelación de la licitación que buscaba convertirla en un local gastronómico y comercial. La decisión se conoció luego de que la Justicia hiciera lugar a un recurso presentado por una de las herederas.
El llamado había sido oficializado el 6 de agosto y contemplaba la explotación durante cinco años de un gift shop con venta de comidas y bebidas al paso. El inmueble está ubicado en la Sección 17, Tablón 201, tiene una superficie cubierta de 24,55 metros cuadrados y contaba con un canon base de $1.600.000.
La presentación judicial fue realizada por Lucía Girado, quien cuestionó la caducidad de la concesión de la bóveda familiar y pidió que se frenara cualquier decisión sobre el inmueble. El juzgado Contencioso Administrativo N°6 hizo lugar al planteo, en un contexto en el que el espacio permanecía clausurado y con el acceso restringido.
Desde la administración porteña sostuvieron que los 30 propietarios registrados acumulan una deuda de $22.215.070 en concepto de mantenimiento, correspondiente al período 2007-2026. Además, señalaron otros $15.587.653 vinculados con trabajos de reparación ejecutados por el gobierno de la Ciudad.
Según explicaron las autoridades, desde 2025 se enviaron cartas documento y publicaron edictos para notificar a los titulares, pero ninguno habría regularizado la situación. Para la Ciudad, la caducidad de la concesión se produjo mediante el procedimiento administrativo habitual utilizado en los cementerios porteños.
La heredera, sin embargo, dio una versión diferente y aseguró que intentó resolver la situación en reiteradas oportunidades. Según relató, con el paso del tiempo perdió la posibilidad de determinar quién figuraba como titular en los registros, lo que le impedía afrontar formalmente el pago de la tasa anual y las tareas de mantenimiento.
“Nadie me dijo nada nunca. Vivo a 10 cuadras y voy varias veces al año: vi el deterioro y el cambio de estructura del cementerio, que antes era tierra de nadie”, afirmó. También cuestionó que se considerara abandonada la bóveda: “La bóveda no está abandonada porque yo voy; si desde la administración del lugar dicen que está abandonada porque no se pagó la tasa es otra cosa”.
El panteón fue concesionado a perpetuidad a la familia Girado, oriunda del sur bonaerense, como ocurrió con numerosos espacios entregados durante el siglo XIX. En medio de la disputa por su titularidad, la Justicia intervino y la Ciudad resolvió retirar la licitación que había puesto al inmueble en el centro de la controversia.