Incluso, en los diálogos entre amigos, no faltó aquel que aseguró: "el departamento que alquilé tiene estufa... esta noche la prendo".
Así viene el verano de los últimos días: disfrazado de otoño. Con la gente desparramada por las calles, en busca de shoppings, plazas, cines, teatros o simplemente un paseo por la peatonal. El Puerto o el Museo de Arte, puntos anotados en la hoja de ruta y reservados para alguna ocasión especial, se adelantaron en el calendario de las vacaciones. Los más felices fueron los comerciantes del rubro textil que arrancaron el año con actividad: "mucha gente se vio obligada a salir de compras para buscar ropa de abrigo -contó Juan Carlos, comerciante de la zona de Juan B. Justo- y eso nos viene bien a los que sabemos que en la costa no siempre hace calor".
Otros que tuvieron su bautismo de fuego con la clientela fueron los propietarios de cafeterías: la merienda con churros o medialunas fueron reinas de la tarde y, en casi todos los locales céntricos hubo que hacer algo de cola para conseguir una mesa.
Con los chicos no hubo muchas alternativas: un paseo en bicicleta o en caballo (para los más osados) por alguna plaza a la tarde, o algún espectáculo infantil de los que se ofrecen en el centro, para cortar un poco la ansiedad. Claro que, aunque con menos auge que años anteriores, las casa de juegos electrónicos también convocaron a los bañistas frustrados de poca edad: "pero así no hay presupuesto que aguante -contó Enrique, papá de tres preadolescentes- si arrancamos así, se va a complicar... que salga el sol pronto", y enseguida reconoció: "aunque en la playa también se gasta".