El chico estaba jugando con un silbato y se le ocurrió colocar purpurina en su interior, para después soplar. La sustancia se expandió en el aire y el chico la aspiró por la nariz en el momento en el que inhalaba para volver a soplar el silbato. Poco después, el chico comenzó a experimentar problemas respiratorios y fue trasladado al CePSI, donde fue estabilizado y fue dado de alta, aunque el día siguiente empeoró y fue llevado al mismo lugar, donde quedó internado en terapia intensiva. El chico sufrió un infarto, logró ser estabilizado, pero los médicos consideran "irreversibles", algunos de los daños orgánicos que sufrió.