Además, el grupo de delegados remarcó que "el último ofrecimiento que se nos hizo dejaba a 20 trabajadores en la calle" y aclararon que "la única condición para terminar con el paro es la reincorporación de todos".
El conflicto en Calsa comenzó a fines de 2013, cuando la empresa británica tomó la decisión de despedir sin causa de Daniel Franco, hecho que generó las protestas de sus compañeros, que si bien lograron la reincorporación del trabajador, luego sufrieron represalias por parte de la patronal, que además comenzó una campaña de persecución y despedidos contra los empleados volcados a la actividad gremial.