Una concentración de unos 600 jóvenes convocada a través de las redes sociales terminó con graves disturbios en el centro de Barcelona, donde un centenar de personas fueron detenidas, entre ellas numerosos menores de edad.
Una concentración de unos 600 jóvenes convocada a través de las redes sociales terminó con graves disturbios en el centro de Barcelona, donde un centenar de personas fueron detenidas, entre ellas numerosos menores de edad.
El centro de Barcelona fue escenario de una violenta jornada de disturbios que dejó un centenar de detenidos, numerosos destrozos y al menos 14 comercios saqueados, después de que una concentración de unos 600 jóvenes, convocada a través de las redes sociales, derivara en enfrentamientos con la Policía catalana.
Los incidentes se registraron durante la tarde del sábado en los alrededores de la plaza de Cataluña, una de las zonas comerciales y turísticas más concurridas de la ciudad.
La protesta, que no había sido comunicada oficialmente a las autoridades, reunió a centenares de jóvenes, muchos de ellos vestidos de negro y con el rostro cubierto. La convocatoria había circulado durante los días anteriores por distintas plataformas digitales, bajo consignas similares a las utilizadas por estudiantes franceses en sus recientes movilizaciones.
El Departamento de Interior de Cataluña investiga posibles vínculos entre la convocatoria y las protestas juveniles desarrolladas en otras ciudades europeas, algunas de las cuales también terminaron con episodios de violencia.
La consellera de Interior, Núria Parlon, informó que los incidentes comenzaron alrededor de las 18, hora local, cuando distintos grupos empezaron a atacar establecimientos comerciales y mobiliario urbano.
Según precisó, la concentración llegó a reunir a unas 600 personas en su momento de mayor convocatoria, aunque no existió una organización identificable ni un recorrido establecido para la manifestación.
Los disturbios se extendieron rápidamente por las calles cercanas a la plaza de Cataluña, donde grupos de jóvenes rompieron escaparates de negocios de ropa, calzado, electrónica y ópticas, para posteriormente ingresar y llevarse mercadería.
También incendiaron contenedores de basura, toldos de terrazas y otros elementos de la vía pública. En algunos sectores levantaron barricadas utilizando recipientes de residuos, motocicletas y bicicletas, varias de ellas prendidas fuego.
Ante la magnitud de los incidentes, los Mossos d'Esquadra desplegaron unidades antidisturbios que intervinieron para dispersar a los grupos que protagonizaban los ataques.
La Policía catalana realizó cargas en distintos puntos del centro de Barcelona, mientras los manifestantes se dispersaban por las calles adyacentes y arrojaban piedras y otros objetos contra los efectivos.
Como resultado del operativo, un centenar de jóvenes fueron detenidos por su presunta participación en los disturbios. Según las autoridades, aproximadamente una cuarta parte de los arrestados eran menores de edad.
La Guardia Urbana dispuso el cierre de los accesos a la plaza de Cataluña, desde Urquinaona hasta Universitat, para evitar que los incidentes se extendieran a otros sectores de la ciudad.
La situación generó momentos de tensión entre los numerosos turistas y vecinos que transitaban por la zona durante la tarde del sábado.
Varios establecimientos comerciales decidieron bajar sus persianas y desalojar preventivamente a los clientes. Entre ellos estuvo El Corte Inglés, uno de los principales centros comerciales del área.
Sin embargo, el cierre de algunos negocios provocó que centenares de personas quedaran temporalmente dentro de los locales, hasta que pudieron abandonar los edificios por accesos secundarios o salidas de emergencia.
Las autoridades también ordenaron el cierre de la estación ferroviaria de plaza de Cataluña, tanto de Renfe como de Ferrocarriles de la Generalitat, por lo que los trenes dejaron de detenerse en ese punto.
A través de sus redes sociales, los Mossos pidieron a la población que evitara acercarse a la zona debido a la presencia de grupos violentos que incendiaban contenedores y atacaban a los agentes.
La consellera Parlon y el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, comparecieron ante la prensa para condenar los incidentes y desvincularlos de la acampada por el acceso a la vivienda instalada desde hace varias semanas en la plaza de Cataluña.
Ambos funcionarios sostuvieron que los hechos no respondieron a una reivindicación social concreta, sino que constituyeron un episodio de “violencia gratuita y vandalismo”.
Collboni anunció que el Ayuntamiento se presentará como parte en los procesos judiciales que se abran contra los responsables de los destrozos.
Además, advirtió que los incidentes tendrán consecuencias tanto para los mayores de edad involucrados como para los padres de los menores que participaron.
Por su parte, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, expresó su rechazo a los hechos mediante un mensaje publicado en la red social X.
“La violencia no tiene cabida en Cataluña”, afirmó el mandatario regional.
Desde la oposición, el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, también condenó los disturbios y consideró que lo ocurrido demuestra la necesidad de un cambio político en España.
El dirigente reclamó responsabilidad para preservar la convivencia y evitar que se profundicen los enfrentamientos.