El canciller Mauro Vieira rechazó la suba del 25% a los productos brasileños, denunció presiones de Washington y anticipó represalias comerciales.
El canciller Mauro Vieira rechazó la suba del 25% a los productos brasileños, denunció presiones de Washington y anticipó represalias comerciales.
El Gobierno de Brasil endureció este jueves su respuesta a la nueva tarifa del 25% impuesta por Estados Unidos sobre los productos brasileños. El canciller Mauro Vieira afirmó que la medida carece de justificación económica y aseguró que Washington buscó imponer condiciones que el país sudamericano se negó a aceptar.
Durante una declaración pública, el ministro de Relaciones Exteriores sostuvo que Brasil respondió a todos los cuestionamientos planteados por la Casa Blanca y recordó que Estados Unidos acumuló un superávit comercial de 424.000 millones de dólares en los últimos quince años en el intercambio bilateral.
Vieira aseguró que el conflicto se originó por la negativa del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva a ceder ante las demandas estadounidenses, que, según explicó, incluían una apertura total de sectores estratégicos de la economía brasileña sin ofrecer concesiones a cambio.
“Lo que incomoda al gobierno de Estados Unidos. es el hecho de no haberse doblegado a las pretensiones desmedidas, irracionales, presentadas en el transcurso de las negociaciones (...) En otras palabras, exigían nuestra capitulación”, sostuvo el funcionario durante una rueda de prensa.
El canciller también cuestionó las críticas de Washington al sistema de pagos instantáneos Pix, uno de los argumentos utilizados por la administración de Donald Trump para justificar la aplicación de los nuevos aranceles.
“No hubo, por lo tanto, racionalidad en la aplicación de estos aranceles. Las alegaciones y declaraciones de las autoridades estadounidenses sobre el Pix son infundadas”, afirmó Vieira, quien añadió que todas las razones esgrimidas por Estados Unidos “carecen de fundamento en la realidad”.
El jefe de la diplomacia brasileña aseguró además que el Gobierno mantuvo abiertas las negociaciones hasta el último momento y presentó informes destinados a demostrar que las restricciones comerciales afectarán tanto a las empresas brasileñas como a los consumidores estadounidenses.
Según detalló, las conversaciones comenzaron antes del primer paquete arancelario anunciado el 2 de abril de 2025. Desde marzo de ese año, ambos países mantuvieron más de 30 reuniones presenciales, virtuales y telefónicas a nivel presidencial, ministerial y técnico, incluidas once conversaciones con el secretario de Estado, Marco Rubio, y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer.
Vieira remarcó que el presidente Lula “buscó el diálogo desde el primer momento” y manifestó su disposición a discutir todos los asuntos planteados por Washington. Sin embargo, consideró que la nueva decisión de la Casa Blanca responde a motivaciones políticas y criticó las declaraciones de Rubio sobre el supuesto “ego” y las “malas políticas” del mandatario brasileño, al entender que atacó “de forma grosera” al jefe de Estado de un país amigo.
Tras el anuncio estadounidense, Brasil confirmó que activará los mecanismos previstos en la Ley de Reciprocidad y recurrirá nuevamente al sistema de solución de controversias de la Organización Mundial del Comercio. El Gobierno brasileño también cuestionó la investigación impulsada por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos al amparo de la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, un instrumento que considera insuficiente para justificar la imposición de los nuevos aranceles.