Benedicto XVI pidió a Dios que acoja en el cielo ‘a este incansable servidor del evangelio y de la Iglesia‘.
El funeral fue oficiado por el actual arzobispo de Milán, Angelo Scola, que resaltó en la homilía ‘la imponente figura de este hombre de Iglesia‘ y dijo que la herencia que deja Martini está toda en su vida, en su magisterio ‘y nosotros debemos continuarlo‘.
A las exequias asistieron unas 20.000 personas, según un comunicado de la Curia milanesa, y más de la mitad de ellas las siguió desde las pantallas gigantes de televisión instaladas en la plaza del Duomo (catedral).
Acudieron doce cardenales, entre ellos Dionigi Tettamanzi, que sustituyó a Martini al frente del arzobispado de Milán en 2002; Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana; Agostino Vallini, vicario de Roma, y Gianfranco Ravasi, ‘ministro de Cultura‘ del Vaticano.
También acudieron 38 obispos y 1.200 sacerdote, así como representantes de otras iglesias cristianas y religiones, entre ellos el imán Abd el Wahid Pallavicini, y de la Unión Budista Italiana.
Las exequias se celebraron dos días después de que se abriera la capilla ardiente en ese templo, por la que pasaron más de 200.000 personas, informó hoy la Curia milanesa.
El jesuita Carlo María Martini, nacido en Turín en 1927, fue arzobispo de Milán durante 23 años (1979-2002). En 1983 fue nombrado cardenal por Juan Pablo II y durante muchos años fue considerado el purpurado con más posibilidades de suceder al pontífice polaco.
Considerado uno de los máximos exponentes del ala progresista de la Iglesia católica y reconocido biblista, Martini potenció el diálogo entre ateos y creyentes y entre distintas religiones.
Con motivo de su muerte, el diario Corriere della Sera publicó la última entrevista concedida por el purpurado, con fecha 8 de agosto, en la que Martini afirmó que la Iglesia católica ‘se ha quedado atrasada en 200 años‘ y ‘en la Europa del bienestar y en América se la ve cansada, envejecida‘.
Martini abogó por una conversión de la Iglesia, ‘que debe reconocer sus propios errores y debe realizar un cambio radical, comenzado por el papa y los obispos‘.
En el último cónclave, de 2005, en el que fue elegido papa el cardenal Joseph Ratzinger, actual Benedicto XVI, fue uno de los purpurados más votados.
Tras el funeral, Martini fue enterrado a los pies del altar de la Cruz de San Carlos Borromeo, en la nave izquierda de la catedral ante la presencia de familiares y la Curia milanesa, mientras en la explanada del Duomo muchos fieles que siguieron las exequias bajo la lluvia destacaron que fue un ‘gran hombre de fe y cultura‘.