El primer ministro húngaro, Víctor Orban, aseguró recientemente que espera que a finales de agosto ya esté terminada la valla de cuatro metros de altura que se extenderá a lo largo de los 175 kilómetros de frontera con Serbia, por donde Budapest cree que entran a diario unos 1.500 refugios. La posición de Serbia, en cambio, es la de no limitar ni interrumpir el tránsito de refugiados hacia el norte, hacia la UE. "Serbia no impedirá la entrada de los refugiados en el país, como tampoco su salida", ratificó el ministro de Defensa, Bratislav Gasic, al visitar el nuevo centro de acogida cerca de la frontera con Macedonia. El ACNUR y la Cruz Roja se encargan en ese país de suministrar comida, agua y medicamentos a los refugiados que hace meses viajan apenas con lo puesto. Según los registros de esta agencia de la ONU, más de la mitad de las personas que llegan a Serbia viene escapando de la guerra civil en Siria.