Yu se queja de que muchos vecinos de Wuhan no entienden su forma de vida, y algunos hasta la insultaron públicamente.
En su juventud, trabajó como agricultora y cargó a diario bolsas de hortalizas para vender en los mercados de la ciudad.
Más tarde, en los años 80, ahorró dinero con el que construyó tres casas de cinco pisos junto a su esposo, en las afueras de Wuhan, que después empezó a alquilar y comenzó un "imperio" que controla mientras barre cada día tres kilómetros de calles.